martes, 30 de julio de 2013

23-07-2013 Bikaner

Lo primero que quiero visitar es el famoso Templo de las Ratas. Se encuentra a unos 30Km de Bikaner de modo que utilizo un autobús público para desplazarme. El trayecto dura una hora. En el Templo de las Ratas habitan centenares de estos animalitos sagrados que deambulan por todo el recinto. Es obligatorio descalzarse para entrar. Creo que son las ratas más respetadas y afortunadas de todo el mundo. Están bien alimentadas y cuidadas. Me habían hablado de ese templo y pensé que incluso sería más exagerado (en cuanto a número de ratas). Las hay por todas partes, pero suelen concentrarse en las esquinas. Yo iba con la idea que ni siquiera podría caminar pero no es para tanto…
Regreso a Bikaner y me dirijo a la estación de trenes para comprar mi billete para esa misma noche. Me desespero al intentar obtener la información. No hay trenes directos de Bikaner-Amritsar, pero pretendo ir a Jalandhar y de ahí coger otro tren a Amritsar. Cada cuál me dice lo que le parece y voy de un lado al otro de la estación. Al final me dicen que no es posible porque todos los billetes se han agotado. Lo de los trenes es otro de los grandes misterios de India. Hablando con la pareja española que conocí en Jaisalmer me dijeron que, en una ocasión, también les dijeron que los billetes se habían agotado; estuvieron preguntando en varias agencias (incluso en la estación) y en todas partes les decían lo mismo. Pero finalmente les consiguieron los billetes y, además, una vez en el tren, vieron que había varias plazas vacías. En otras ocasiones te quedas en lista de espera y no sabes cuándo podrás viajar…
Aún me queda la opción del autobús así que regreso al hotel y pregunto dónde puedo comprar el billete. Bikaner tiene algunos lugares de interés (por ejemplo, el fuerte) pero es similar a Jaisalmer así que tomo la decisión de no quedarme. Ellos mismos dicen que me lo pueden conseguir por el doble del precio que marca mi guía. Me parece exageradamente caro así que decido buscarlo por mi cuenta. Son casi las 3pm y el autobús parte a las 5:30pm. Finalmente logro comprar el billete por un coste más económico del que me pedían en el hotel. Sigue siendo relativamente caro, pero cuando la necesidad apremia… Me dirijo hacia la parada de autobuses y me desespero al ver que allí no hay ningún lugar donde poder comer. Cojo de nuevo un autorickshaw y lo hago parar en el primer restaurante que veo. Es un lugar de los considerados “caros” en India y lo deduzco por el aspecto. Lo que en mi país sería un restaurante normal y corriente, en India es de lujo. Casi me saltan las lágrimas al ir al baño, encontrármelo limpio y hasta con papel de WC!!! Esto tan sencillo casi formaba parte de una imagen remota del pasado tras casi 3 semanas aquí…

El autobús parece literalmente un hervidero. Casi no se puede estar dentro! Será mi primera noche en sleeping bus y me pregunto qué tal la experiencia… De momento me preocupa lo de las paradas para ir al baño, por lo que ya comenté anteriormente. Me espera un trayecto de 12 horas (saliendo finalmente a las 6pm y llegando a Amritsar a las 6 de la mañana). El autobús se divide en dos partes; en la parte de abajo hay asientos y en la parte de arriba, camas. Las de un lado son dobles y las del otro, individual. Las camas son pequeñas y estrechas cabinas en las que, si te sientas, corres el riesgo de darte un buen golpe en la cabeza por los múltiples baches que hay en la carretera. Paso unos minutos sentada y enseguida decido tumbarme. Suerte que llevo una especie de saco de dormir fino porque sabe Dios la de porquería que hay en esa cama (y eso que es negra y se disimula más, que si no…). A lado y lado hay cristales y los que dan al pasillo del bus son oscuros, para resguardar un poco la intimidad. Dejo abiertos los que dan al exterior. Es una sensación algo rara porque sólo hay un hierro/baranda horizontal que hace de protección para que no puedas caer al exterior. Aun así, sigue haciendo muchísimo calor, incluso cuando anochece. 

22-07-2013 Bikaner

Desayuno en la azotea del hotel y me encuentro con dos catalanas y dos mallorquinas que acaban de llegar desde Jaipur. Desayunamos juntas y poco después me despido de ellas para coger un tren con destino a Bikaner. A las 10:10am sale el tren puntual y llego al destino a las 4pm. El trayecto tiene lugar en las horas más calurosas del día de modo que se hace largo. Además, entra arena procedente del exterior. Por suerte (y cosa no muy habitual) el tren no va muy cargado de pasajeros de modo que puedo utilizar mi asiento para tumbarme. Casi al final del trayecto el tren se llena de gente y un grupo de hombres se sienta a mi lado y empiezan a jugar a cartas.

En Bikaner busco el hostal que me recomendó la pareja española que conocí la noche anterior. El conductor del autorickshaw sutilmente pretende hacer creer al dueño del hotel que él me ha sugerido el hostal (para así llevarse la comisión) pero queda en evidencia cuando explico que es la pareja española quien me lo recomendó. 

21-07-2013 Jaisalmer

Nos despiertan a las 6 de la mañana para ver el alba con un Chai Tea y el desayuno. Luego cargamos de nuevo los camellos y hacemos un trayecto de un par de horas hasta que el Jeep nos recoge de nuevo para llevarnos a Jaisalmer.
Al llegar, duermo hora y media en el hotel y salgo a visitar la ciudad a mediodía. Las calles en el interior del fuerte son extremadamente estrechas y eso hace que se pueda caminar sin el bullicio de tráfico que caracteriza todas las ciudades indias vistas hasta el momento. Parce un laberinto! Sin embargo, las motos sí pueden circular y rompen con la tranquilidad del lugar. Me paseo tranquilamente por el fuerte de Jaisalmer, visitando también el museo del palacio del fuerte y luego dos havelis: Patwa-ki-haveli y Salim Singh-ki-Haveli (residencias tradicionales pomposamente decoradas y típicas de las regiones del Rajasthan y Gujarat).

Al atardecer me dirijo hacia el lago, donde ahora escasea de agua. En Jaisalmer tienen un grave problema con el arcaico sistema de desagües del fuerte. El deterioro del sistema de cañerías ha hecho que, con el paso del tiempo, peligre su estructura por completo. En el lago conozco una pareja de españoles, Laura (Toledo) y Javier (Málaga). Ambos son profesores de secundaria y da la casualidad que Laura estudió el mismo Máster que yo hace sólo unos pocos años de modo que hablamos del profesorado y clases. Cenamos juntos. 

20-07-2013 Jaisalmer

Vuelvo a coincidir con Sam (el chico israelí que conocí en Jodhpur) en el safari. El grupo es de 4: dos chicos ingleses, el israelí y yo; y nos acompañan dos guías. Llevamos lo mínimo imprescindible y dejamos la mochila grande en el hotel. Por la mañana temprano nos recoge un Jeep que nos lleva hasta en medio de la nada y nos dice que los camellos están al llegar. Efectivamente, después de unos minutos de espera aparecen los 6 camellos y los 2 guías e iniciamos el safari.
El paisaje es muy árido pero aún no se vislumbran dunas. Hay bastantes arbustos y algún que otro árbol. Lo que me sorprende y mucho es ver centenares de molinos de energía eólica; resulta un impacto visual bastante significativo encontrar en medio de la nada tecnología punta. A las 11am paramos bajo un frondoso árbol (con gran sombra). La intención es dejar pasar aquí las horas más calurosos, comer, siesta (si se quiere) y luego reiniciar el trayecto. El lugar inicialmente parece muy tranquilo pero luego comienzan a desfilar pastores con sus ovejas que se detienen a tomar un Chai (típico té indio) y a charlar con nuestros guías (ellos, al mismo tiempo, van preparando nuestra comida). Finalmente nos sirven el almuerzo; no falta el chapati (típico pan indio). Ah! Aquí no hay cubiertos, así que se come con las manos! Al acabar me gustaría hacer una pequeña siesta pero me lo impiden las ovejas! Por lo visto, ellas también quieren aprovechar la sombra del árbol (y algo de nuestra comida, si pueden, como la cáscara del plátano) de modo que se concentran todas en círculo alrededor nuestro (a escasos centímetros) y cada vez se van acercando más… Así, es imposible intentar dormir.
Continuamos el recorrido cerca de las 4pm. Paramos en un par de ocasiones en pequeñas aldeas. En la primera de ellas los camellos aprovechan para beber agua en un gran “bebedero comunitario” en el que al mismo tiempo también se hidratan las vacas. Los guías nos animan a pasear por las cuatro casas que forman la aldea. Creo que es el primer lugar en India donde sólo veo mujeres y niños. Se suponen que los hombres están trabajando. Algunas casas son muy sencillas y construidas con materiales muy rudimentarios (de tierra las paredes y de arbustos los techos); sin embargo, otras son más “modernas”.
Por fin llegamos a las dunas sobre las 6pm. Se agradece porque lo de utilizar camello como medio de transporte no resulta muy cómodo…  Estacionamos tras una gran duna que nos resguarda del viento. Descargamos los camellos y nuestros guías los dejan “libres” (atadas las patas delanteras para que no puedan correr ni ir demasiado lejos).  A continuación uno los guías (el mayor) comienzan a preparar nuestra cena. Nuestros guías nos preguntan si nos apetece alguna bebida refrescante y todos aceptamos! (nuestras aguas están hirviendo y no hay nada que apetezca más que agua fría). Entonces el más jovencito coge uno de los camellos y se dirige a una aldea cercana (40 minutos de recorrido entre ida/vuelta) para buscar las bebidas. Estas aldeas son my austeras pero están muy bien dotadas para satisfacer todos los caprichos de los turistas. Incluso se puede comprar whisky o bien opio… El más jovencito no ha parado de marear al pobre camello durante todo el trayecto (que si ahora al trote, que si ahora para, ahora vuelta atrás…). Al final el camello se negaba rotundamente a obedecerle y el otro respondía azotándole fuerte en los muslos con las correas.
Después de cenar uno de los guías nos explica que tiene 25 años y lleva 15 en el negocio de los “camellos”. Su acompañante tiene ahora 15 años y lleva 4 trabajando en esto. El más jovencito está aprendiendo el oficio y también a hablar inglés. El otro lo habla ya muy bien (aunque dice que nunca ha ido a la escuela y que no sabe escribir nada). Actualmente cobra 3500INR fijos mensuales (unos 47€/mes) más las propinas y de eso vive una familia entera. Él es el mayor de sus hermanos y les está pagando su escolarización. Las hermanas, sin embargo, sólo aprenden tareas del hogar.
Resultan curiosas algunas de las historias que explica sobre los 15 años de experiencia laboral como guía en safaris de camello. Me quedo con dos de las historias. La primera era sobre una chica sonámbula que desapareció en medio de la noche. La encontraron siguiendo el rastro de sus huellas tres Km lejos. La chica jamás había avisado que padecía de este “problema” y el guía le dijo que debía interrumpir el safari porque nadie se podía hacer cargo de ella durante toda la noche. Ella insistía en que quería estar en el desierto y el guía le respondió que la única opción para permanecer allí era dejarse atar a un camello!
La segunda historia trata de un japonés que cogió un safari de 5 días. Le habían dicho que no debía preocuparse por nada porque “todo” estaba incluido. El pobre japonés se lo tomó al pie de la letra pero resulta que el papel de WC no estaba incluido y él no traía. Además, era muy vergonzoso y al principio no quería explicar cuál era su problema y se negaba a comer lo que el guía le ofrecía. Tampoco quería interrumpir el safari. Al final la solución la propuso el guía: el japonés llevaba un largo turbante para protegerse del sol (que le había prestado el dueño del hotel en el que se había hospedado) y este se convirtió en mil pedacitos que dieron solución al problema del japonés. Eso sí, al regresar al hotel el dueño le reclamó al japonés 400INR en concepto del turbante reconvertido en papel de WC.  
Dormimos sobre las dunas; hay luna llena. A media noche una fresca brisa me despierta y hace que me tenga que cubrir con algo.

Antes de ir a Jaisalmer no estaba segura de volver a repetir el safari con camellos porque en 2012 ya lo hice en Marruecos y tengo el recuerdo aún muy reciente. Sin embargo, al finalizarlo, no me arrepiento porque las diferencias entre uno y otro son considerables. Cuando estuve en Marruecos era invierno y, a pesar de que dormimos en jaimas y con 5 gruesas mantas cada uno de nosotros hacía un frío horrible! Además, el grupo era más numeroso y los camellos iban atados. En Jaisalmer dormimos a cielo abierto, los camellos van desatados (y si nos apetece los podemos hacer trotar). 

19-07-2013 Jodhpur/ Jaisalmer

Conversando con el dueño del hotel no me sorprende que me pregunte qué religión sigo. De hecho, ésta era pregunta obligada al rellenar el formulario para solicitar el visado, y no existía la opción de “ateo”, de modo que vi en la obligación de marcar una. Lo que me asombra es su respuesta al preguntarle yo cuál es la suya: también es ateo. Cuesta de encontrar en India gente que no cree en ninguna religión, aunque supongo que empieza a suceder lo mismo que en países económicamente más avanzados, en que las nuevas generaciones no son seguidores de ninguna religión.
Por la tarde cojo un autobús hasta Jaisalmer. Salgo a las 4pm y llego allí poco antes de las 9pm. No puedo dejar de comentar la experiencia en los lavabos cuando viajas en bus. Hacen múltiples paradas durante todo el trayecto pero son paradas muy breves (con lo que a veces apenas distingues en cual de ella puedes aprovechar para ir al lavabo). En una de ellas parece ser que sí es posible ir al WC y nos dan 2 minutos de margen. En el bus viaja también una pareja de ingleses y salimos escopeteados para aprovechar la ocasión. Pero al ver el lugar me desespero… es una explanada sin absolutamente nada más y, además, comunitario. Como de momento la necesidad no es muy apremiante, decido esperar. No quiero imaginar cómo puede ser un trayecto en bus de día de 15 horas…
El dueño del hotel en Jodhpur nos recomendó el primer día un hotel en Jaisalmer y como la estancia en el hotel de Jodhpur ha sido buena, decido fiarme y aceptar su recomendación. Jaisalmer es un lugar muy turístico y pocos son los que llegan allí sin detenerse a hacer un safari con camello (durmiendo, como mínimo, una noche en el desierto). Los mismos hoteles organizan safaris y hay una fuerte competencia entre ellos. Suelen ofrecer precios muy económicos en las habitaciones del hotel pero luego encarecen el precio del safari.
Supuestamente alguien me espera en el estacionamiento del bus de Jaisalmer para llevarme al hotel (servicio de recogida “gratuito” que sobre todo se agradece cuando llegas a algún lugar nuevo de noche). Justo antes de llegar suben en el bus unos tipos y nos intentan convencer (a los 3 extranjeros que estamos en el bus) para que vayamos con ellos prometiendo que nos van a ofrecer un buen hotel. En mi guía ya había leído sobre esta situación: la competencia es tan feroz que entre ellos se tachan los unos a los otros de ser timadores. Y yo me lo creo: el problema es que no tienes salida porque no hay ni uno que se salve por ser honesto. Soy turista, soy consciente de ello y sé que por ello voy a pagar más precio.
Hay un tipo con moto esperándome para ir al hotel. Subimos a ella (con todo el cargamento de mi equipaje se hace un poco incómodo ir sobre dos ruedas). Al llegar al hotel el tipo ya me empieza a hablar del safari. Hay un grupo que sale al día siguiente a las 8am. Aunque no es lo que yo tenía pensado (quería salir al atardecer y regresar al día siguiente por la mañana), pero acabo aceptando. Negociamos precio, pero igualmente me sale caro.

Ceno con un loco alemán que tiene una particularidad un tanto curiosa: lleva meses viajando (entre otros lugares, también ha estado en algunos países del Sureste Asiático) y por lo visto le gusta “probar” los hospitales porque, en lo que lleva de viaje, ha probado ya unos cuantos en distintos países… En fin, una afición un tanto rara o el tipo el muy gafe. 

18-07-2013 Jodhpur

Me pregunto cuánta gente vivirá en la Guest House porque de huéspedes veo pocos pero un montón de gente que se pasea de un lado a otro y parece ser que viven allí. Aunque aquí es habitual que vivan en familia y ésta suelen ser bastantes grande.
Desayuno de nuevo en la azotea y el dueño me da instrucciones sobre cómo llegar al fuerte Mehrangarh. Hay una pronunciada cuesta arriba así que cuanto más espere será peor (por el sol/calor). Llego sin dificultad al Fuerte. Tienen audioguías que vienen incluidas al comprar al ticket de entrada. Paso un par de horas visitándolo. A continuación me dirijo al Jaswant Thada, un blanco monumento situado a sólo un Km del Fuerte.

Para finalizar el día visito el palacio de Umaid Bhawan, a unos 3 Km al sureste del casco antiguo. La mitad del palacio está reconvertido en un hotel de lujo. 

17-07-2013 Jodhpur

Mi autobús sale puntual desde un lugar llamado estación (que no lo parece) de Pushkar. Me esperan 5 horas de caluroso viaje porque, obviamente, no hay más aire que el que entra por las ventanas. Se me sienta al lado un profesor que no para de hacerme preguntas. Son las 7am de la mañana y en ese momento sólo pienso que ¡no podré aguantar 5 horas de interrogatorio! El señor me dice que algunas mujeres sentadas a mi alrededor también son maestras y trabajan todos en la misma escuela pública. Seguimos conversando durante una hora hasta que llegamos al lugar donde está ubicada la escuela donde trabajan. El autobús es viejo y está sucio (lo raro aquí sería lo contrario) y va abarrotado de gente que van subiendo y bajando en las múltiples paradas que hay durante todo el trayecto. De hecho, creo que soy la única que va a hacer el recorrido entero. En un momento del recorrido una señora se me sienta al lado y comienza a hablarme en su idioma. Otros se unen a la conversación (más bien a su monólogo…), también en su idioma. Me van mirando y yo a ellos pero… obviamente, no me entero de absolutamente nada. Así que les sonrío mientras digo “Sorry, I don’t understand” (lo podría decir también en catalán o español porque de cualquier modo no me entienden…) y ellos también me sonríen así que… este es nuestro medio de “no”-comunicación (no verbal). De hecho, esto me sucede en varias ocasiones a lo largo del viaje.
En algo más de 5 horas llego a Jodhpur. Me veo obligada de coger un rickshaw para llegar hasta el hotel. La “guest house” está bien, pero me piden un precio demasiado elevado; creo que puedo encontrar algo más económico así que rechazo la habitación. El conductor del rickshaw sigue abajo esperándome (cuando yo no se lo pedí… pero son muy listos) y me dice que puede conseguirme una habitación por el precio que estoy dispuesta a pagar. Decido probar… El otro hotel está muy cerca pero al entrar… ¡Madra mía! Está en obras: todos los paletas por allí, tooodo lleno de polvo y la habitación… creo que las sábanas no las han limpiado desde que entró el primer huésped y, por supuesto, ruidoso. Vamos, que es un chollo de hotel. Obviamente, me niego rotundamente a estar allí y salgo escopeteada. El conductor dice que me llevará a otro lugar. Decido darle una segunda oportunidad. Al subir las escaleras veo que también está en obras (otra vez no!!!!) pero al subir un piso superior (en mejores condiciones) me muestran la habitación y esta está impecable, así que decido quedarme. Además, me muestran el tejado donde hay una pequeña terraza y unas espectaculares vistas de la ciudad con  el imponente Fuerte justo enfrente.

Salgo a dar una vuelta por la ciudad y, al regresar al hotel, subo a la azotea del hotel con la intención de cenar y escribir mi diario pero me encuentro con tres personas e iniciamos conversación: un francés, un israelí (Sam) y el dueño del hotel. El francés parte esa misma noche hacia Jaisalmer y el israelí el día siguiente por la mañana.

16-07-2013 Ajmer & Pushkar

La visita programada para hoy es Ajmer. Es bastante más grande que Pushkar y está a media hora en autobús. Mientras desayuno me encuentro con un chico de Israel con el que había coincidido también en Udaipur. Resulta curioso que durante el viaje voy conociendo bastante gente y recuerdo los países de procedencia pero no los nombres! Va acompañado de un argentino, y nos presenta. Al acabar mi desayuno me dirijo (según las indicaciones dadas…) a la supuesta estación de autobuses.
Al mediodía llego a Ajmer. Comienzo la visita por el lago Ana Sagar. Por 50 Rs cojo una barca que me lleva hasta una pequeña isla en medio del lago donde hay poco más que un restaurante. Un lugar para estar relajado y alejado del ajetreo de la ciudad.
Al lado del lago hay un pequeño parque muy bien cuidado y paseo por él. Como de costumbre, varias personas me detienen para que me haga fotos con ellas. Si cobrara por cada foto… tal vez me saldría el viaje gratis! No tienen cámaras pero todos tienen su teléfono móvil y lo utilizan para todo: cámara, radio, música… Vamos, que le sacan partido al aparato (en eso no difieren tanto de nosotros…)!
Visito también el templo Nasiyan, el Palacio de Akbar y llego tal vez al punto más emblemático de la ciudad: el santuario sufí Dargah of Khwaja Muin-ud-din Chishti. Para entrar te hacen descalzar, cubrir la cabeza con un pañuelo y dejar la mochila en un locker. Ah! Y no se permiten fotos en el interior. Al ver las taquillas donde guardar la maleta (en medio de la calle) decido no entrar. No me transmite la sensación de ser un lugar muy seguro para dejar el pasaporte, dinero, cámara y tarjetas. Y son demasiadas restricciones. Me parece bien que debamos respetar sus tradiciones y que me chequeen la maleta tanto como quieran pero eso de dejar mis cosas en medio de la calle…
Elijo de nuevo un autobús público como medio de transporte. Me sorprende el precio: en la ida pagué 7Rs y ahora me piden 9Rs. Estamos hablando de cantidades ridículas pero, como me sorprende, le pregunto al revisor si por la tarde el billete es más caro (porque el autobús es decadente, sucio y está abarrotado de gente: como el que cogí por la mañana). Y la respuesta es que Pushkar- Ajmer son 7Rs y el trayecto inverso son 9Rs. En fin, no deja de resultarme curioso…
Al llegar a Pushkar decido comprar el billete de bus para irme al día siguiente a Jodhpur. Mi guía dice que el precio del billete en autobús local es de 120Rs.  El tipo me pide 150Rs y, sin yo decir nada, acepto porque sé que los de las agencias de viajes cobran una comisión y me parece adecuado 30Rs por ello. Pero en el momento de pagar me dice que los 150Rs son el precio del billete y luego me carga 50Rs adicionales por su servicio. En ese punto le respondo que conozco el precio del billete y que este es de 120Rs y que me parece bien que me cobre 150Rs y se quede 30Rs de comisión pero que no se pase de listillo queriéndome cobrar 200Rs y engañarme diciendo que 150Rs es el precio del transporte. El tipo se excusa y me dice que está bien, que sólo me cobrará los 150Rs. En ese momento pasa por allí el chico israelí que encontré por la mañana y me dice que ha quedado con un grupo de gente en un bar que se encuentra muy cerca de donde estamos.

Decido unirme a ellos. Está también el chico argentino que conocí por la mañana, dos alemanes y dos chicas. Conversamos un rato y decidor irme temprano porque al día siguiente a mí me toca madrugar: mi autobús sale a las 7:00 am. Casi todos viajan por bastantes meses así que pueden permitirse quedarse varios días en un lugar. 

15-07-2013 Pushkar

Al día siguiente me levanto temprano para coger un autobús con destino a Pushkar (3 horas). Intento comprar el billete en las taquillas de la estación y me desespero al ver que esta gente no saben lo que es “hacer cola”. A medida que va llegando la gente (todos género masculino) se apelotonan sin orden alguno para comprar el billete. Esta es otra de las cosas que se me hacen raras aquí. Cuando tienes ciertos hábitos aprendidos, tan sencillos como “hacer cola” o tirar los papeles en la basura… es curioso porque resulta complicado deshacerse de ellos (cuando parecería más complicado adquirirlos). Pues nada, aquí cuanto más bruto, mejor. Y para papeleras están las calles enteras, en cualquier lugar. Nadie se preocupa por no ensuciar los espacios comunes: el espacio es de todos… pues todos a ensuciar. Eso hace que luego centenares de animales (algunos carroñeros) se alimenten de la basura humana (deben tener ellos asignada la tarea de “limpieza”).
Por fin consigo mi billete de autobús y comienza el recorrido. Son las 7:15 am aproximadamente. Llego a Pushkar 3 horas más tarde y el autobús me deja en una carretera bastante transitada pero no veo nada que me haga pensar que se trata de la estación de autobuses o algo por el estilo. Esta vez decido probar suerte en un hotel no recomendado, a ver qué tal… Y el primero que veo me parece bueno y consigo regatear algo el precio. De hecho, están ampliando el negocio y parte del edificio está en obras. Pero la habitación y baño están bien. Otra de las recomendaciones que me hicieron es que siempre hay que pedir que te enseñen la habitación antes de aceptar quedarte en un hotel/pensión y llevar un buen candado para cerrar la puesta (aunque ellos te faciliten unos). Pero aunque aparentemente todo parezca que esté bien… siempre hay sorpresas. De modo que acepto y al quedarme sola en la habitación me doy cuenta que no hay agua… Empezamos bien. Le digo al dueño y me dice que en 5 minutos lo solucionan. Pasan los 5 minutos, pasan 10, pasan 20… y nada. En fin, decido largarme mosqueada y con la esperanza que al regresar hayan solucionado lo del agua. Al salir el propietario me ve y me pide el pasaporte para proceder al registro de la habitación. El tipo vive allí con su familia y, por lo que parece, acaba de salir de la ducha porque está chorreando y sólo lleva una toalla. Me dice que se va a quedar con mi pasaporte y, cuando regrese, me lo devolverá. Como llevo el mosqueo del agua le respondo que no salgo sin mi pasaporte así que el tipo se espabila a hacer la fotocopia y registro dejando la ducha a medias.
Pushkar es una ciudad sagrada. Pequeña y tranquila. Al llegar al centro intenté acceder al lago por varias puertas que dan acceso pero me encontré con la desagradable sorpresa de que en todas había unos tipos que pretendían “ofrecerme” flores para tirar al lago. Los tipos eran insistentes y se molestaban al decirles que no. De hecho, había leído una advertencia en mi guía que decía que una vez aceptas las flores luego pretenden cobrarte una desorbitada cantidad. No me gustaba nada el modo en que respondían ante mi negativa. Es un pueblo pequeño, muy turístico y también repleto de templos. Doy una vuelta completa alrededor del lago. Hay múltiples avisos de que no se pude hacer fotografías en los múltiples baños públicos (donde hombres y mujeres se bañan en el lago) y hay que descalzarse a una distancia de 40 metros del lago. Tampoco se pueden llevar bebidas alcohólicas ni drogas al lago y hay que respetar a los autóctonos y sus costumbres.
Encuentro por el camino el centro de recepción de turistas y les pido un mapa. Parece también un centro de reunión y tertulia en el que se encuentran un grupo de unos 12 hombres conversando tranquilamente. Les pregunto sobre los tipos que “ofrecen” flores alrededor del lago y me dicen que ni caso y me entregan un documento con varias advertencias para los turistas (acerca de estafas) y con un número de teléfono de asistencia para turistas.

Por suerte, llego al hotel y el agua funciona.

14-07-2013 Jaipur

Hoy sí me levanto cargada de energía y con el propósito de visitar lo que dejé el día anterior. El  día es nublado de modo que resulta más sencillo desplazarse caminando hasta el centro. Es domingo y los bancos y puestos gubernamentales (también la oficina de turismo) están cerrados; todo lo demás está abierto. De camino hacia el centro me paro a desayunar y descubro los deliciosos “lassi”: una especie de yogurt al que le añaden azúcar y frutas (mango, banana… libre elección). Más tarde descubriré que también se elaboran lassis con hachís y, como las drogas están prohibidas en India, los denominan “especial lassi”.
Cuando por fin llego al Palacio de la Ciudad un autóctono me recomienda algunos lugares para visitar durante el día de hoy. Éstos se encuentran alrededor de Jaipur, de modo que necesitaré un autorickshaws para poderme desplazar. Decido seguir su consejo, pues de vez en cuando apetece no seguir estrictamente los lugares de más interés turístico.
Primera parada es el Gaitor Cenotaphs of Maharajas: un espectacular palacio construido con mármol blanco que descansa en un lugar tranquilo rodeado de pequeñas colinas. El palacio lo custodia también una gran comunidad de monos.
A continuación nos dirigimos al “Water Palace”; se trata de un pequeño palacio en medio de un lago. El lugar transmitiría tranquilidad si no fuera porque se encuentra justo al lado de una carretera muy transitada. Está bastante concurrido de indios pues, al ser domingo, por lo visto les gusta pasar parte de la jornada en familia en ese lugar. También hay múltiples puestos de venta ambulante de comida y otros objetos.
La siguiente parada es un lugar donde tienen 5 elefantes. Uno de ellos tiene la trompa pintada con vistosos colores. Los tienen allí, obviamente, con el objetivo de hacer negocio con los turistas y el negocio consta en darse un paseo montado en un elefante.
Y como voy en rickshaws no podía faltar las visitas obligatorias a las tiendas (en las que el conductor, si se consigue que el turista pique el anzuelo o compre, recibe una comisión a cambio). Me lleva a una tienda donde venden pequeños cuadros, entre otros objetos, y me enseñan la técnica que utilizan y los materiales (pintura) empleada. Los dibujos siempre son los mismos (sólo varían los colores y la posición): cinco animales que simbolizan distintos aspectos en la cultura hindú: elefante (buena suerte y prosperidad), caballo, camello, pavo real y vaca (solo recuerdo el significado del elefante; del resto no me acuerdo… Alguien me ayuda???). La verdad es que todos son bonitos y están muy bien elaborados pero no me interesa comprar ninguno así que antes de que el vendedor (y creo que también dueño del negocio) me muestre todas sus obras disponibles en la tienda le dejo claro que no tengo intención de comprar ninguno. Luego salgo en busca de mi conductor y me dicen que, como es Musulmán y es el mes del Ramadán se ha ido a rezar… Pues nada, toca esperar. Me siento en el exterior de la tienda y espero. Sale el vendedor y comenzamos a charlar. Por lo menos tengo la tranquilidad de que ya sabe que no voy a comprar nada así que si hablamos será de modo altruista. 
Un rato más tarde aparece mi conductor y le digo que me lleve al Fuerte de Amber. Negociamos de nuevo el precio por cambiar el recorrido pactado (siempre odio esta parte porque tengo la sensación de que me acaban tomando el pelo…). El Fuerte no se encuentra muy lejos pero a medio camino comienza a llover con fuerza y empiezo a pensar que tal vez no haya sido buena idea… Al llegar sigue lloviendo con insistencia, unos ratos más que otros. La parte positiva es que la lluvia hace que el día no sea tan caluroso. El Fuerte es espectacular; el problema es que resulta difícil seguir un recorrido ordenado porque las indicaciones son malas y por dentro parece un laberinto! Además, se permite el acceso en lo que en su momento fueron habitaciones y pasillos pero no hay iluminación alguna en todo el interior del recinto. Aunque, de hecho, por dentro son todo espacios vacíos: no hay nada que ver. A ratos la lluvia es tan fuerte que hay que detenerse. Se forman grandes charcos en los patios del fuerte y algunos indios, jóvenes, aprovechan para chapotear en el agua. Disfrutan dando patadas al agua para mojar (más si cabe) a sus compañeros de juego y todo ello bajo la lluvia.
Paso más de tres horas dando vueltas por el Fuerte y, al salir, voy en busca de mi conductor. Parece algo molesto por haberlo hecho esperar tanto (pues vaya, como si yo me molestara cuando él se va a rezar o me lleva a lugares que no le pedí, como las tiendas…). Pero aquí las cosas hay que tomárselas con muuucha calma. De camino a Jaipur, al llegar justo a la altura del “Water Palace” nos vemos obligados a cambiar de recorrido: la carretera está literalmente inundada así que debemos buscar otro camino (más largo) de vuelta a la ciudad. Una pareja de indios sube también al rickshaws. Al llegar a Jaipur de nuevo el conductor hace un “alto en el camino” (otra vez a rezar…) y me deja en el “Monckey Temple”. El templo se encuentra en lo alto de una pequeña colina. El nombre del templo hace honor a los centenares de monos que residen allí. Un jovencito se acerca a mí y me dice que será mi guía y “protector” de los monos porque parece que a veces muerden a los turistas y él sabe cómo actuar. Le doy las gracias y le digo que no necesito su ayuda. Pero como buen indio, es insistente y no se aleja de mí hasta que muy amablemente le digo que, si me quiere acompañar, pues bienvenido sea, pero no pienso a soltar ninguna rupia (cuanto más insistentes, más infranqueable me convierto). El templo es muy sencillo pero desde lo alto las vistas a la ciudad son muy buenas así que la subida ha valido la pena.

Desciendo de nuevo y espero a mi conductor, que no tarda en llegar. Se acabó el trayecto y esta vez no tengo la sensación de que me hayan tomado el pelo con el precio pactado. Al final he tenido conductor todo el día (ya empieza a anochecer) y con imprevistos incluidos (la carretera inundada que ha obligado a coger un recorrido más largo de vuelta a Jaipur) así que por esta vez creo que el precio es justo.

13-07-2013 Jaipur

Llego a Jaipur a las 6:00 am. Apenas he podido dormir. Los conductores de tren también parece que tengan las manos pegadas al claxon y esta vez no es porque haya mucho tráfico de trenes así que llego a la conclusión que a los indios les encanta eso de tocar el claxon y, cuanto más estridente sea, mejor. En la estación de trenes de la capital del Rajasthan los autorickshaws son de prepago así que no me tengo que preocupar por el regateo. El conductor no para de taladrarme a preguntas y yo sólo quiero llegar al hotel y dormir un rato. El hostal es bastante sencillo y se encuentra bastante alejado del centro. Reservo sólo una noche porque tengo intención de partir al día siguiente. El propietario me comenta que el “checking out” es a la misma hora que he entrado (es decir, 6am del día siguiente). Duermo un par de horas y me levanto con el propósito de visitar el casco antiguo (también denominado “ciudad rosa”: rodeado por una muralla con numerosas puertas de acceso).
Antes de comenzar el recorrido, pregunto al dueño del hotel dónde puedo encontrar una oficina de información para turistas. Sigo sus instrucciones y al llegar a un cruce encuentro dos extranjeras y me paro a preguntarles. Son de Chile, tienen un buen mapa y se dirigen hacia el mismo lugar que yo, así que seguimos juntas el recorrido. Caminamos un largo rato bajo el sol abrasador y nos adentramos en la zona amurallada. Hay múltiples bazares donde encontrar todo tipo de productos. Nos paseamos tranquilamente por el lugar.

Finalmente decido regresar al hotel, alargar una noche más mi estancia y tomarme lo que queda de día de descanso. 

12-17-2013 Udaipur

Cuando repaso la lista de lugares de interés que me aconsejaron visitar la noche anterior me doy cuenta de que la mitad (3) son jardines/parques, lo cual me hace pensar que 1) no hay mucho más que ver en Udaipur o bien 2) quienes me lo recomendaron aman los jardines/parques. Observo de nuevo la lista y descarto el “Queen’s garden” y el “Rose Garden”. Me quedo con el “Moti Magri” (pues es el primer lugar que consta en la lista e interpreto que mencionaron por orden de prioridad). Está algo alejado del centro de modo que tengo que viajar con autorickshaws. En el dorso del ticket de entrada hay un pequeño mapa del parque con 7 puntos de interés señalados. Las distancias no son extremadamente largas entre punto y punto, pero el calor sofocante y la fuerte pendiente para ascender hasta determinados puntos hace que algunos prefieran un vehículo con motor como medio de transporte. Yo decido adentrarme y hacer el recorrido caminando. Los 7 puntos de interés están muy bien cuidados (en cuanto a limpieza y estado general del jardín); el resto es zona boscosa. Al ascender una pequeña colina se llega al punto más elevado del parque y en el otro lado hay vistas a un lago con una pequeña isla en medio.
La segunda visita del día es el “Lokekalamandir”. Es un modesto museo de folklore y tradiciones de la región del Rajasthan. En él se explican las diferentes festividades, danzas, música, instrumentos, indumentaria, máscaras, marionetas, etc. Sin lugar a dudas, lo que más disfruto de la visita es la actuación con marionetas. Tiene una duración de unos 10 minutos en la que dos tipos mueven con gran habilidad las marionetas al ritmo de la música tradicional (no hay diálogos, lo cual es de agradecer para los no autóctonos).
Llego de nuevo al centro justo a la hora de comer de mi país (no la de ellos, puesto que almuerzan sobre las 12:30). Casi todos los hoteles y restaurantes tienen el comedor en la última planta y presumen de tener buenas vistas al lago. En algunos casos es cierto sin embargo, en otros, apenas se ve nada (sólo los tejados y edificios contiguos). El problema de que el restaurante esté ubicado en el tejado es que, si quieres dar un vistazo al menú, tienes que subir hasta lo más alto del edificio para tal propósito (y aquí no hay ni un solo ascensor)…
Lo siguiente que decido hacer en una vuelta al lago en barca. Esto no es por recomendación de los que conocí la noche anterior sino por puro antojo. Al llegar al embarcadero (y no ver ninguna barca) pregunto la hora de partida y me dicen que en sólo 10 minutos podré salir. Compro el ticket y espero. Pasan diez minutos, pasan veinte, pasan treinta… sigo esperando y aunque se aproximan varias barcas, ninguna para en este embarcadero. Finalmente me levanto y me dirijo donde están los tipos que me han vendido la entrada. Se disculpan y me dicen que pronto llegará mi barca. El “pronto” se convierte de nuevo en un largo rato en el que me dan conversación para que me distraiga. Y uno de ellos me explica que trabaja en 3 lugares al mismo tiempo: en el negocio del embarcadero, haciendo masajes terapéuticos y, además, es astrólogo. No se debe juzgar a la gente por la apariencia pero es que el tipo tiene pintas de “listillo”. Me parece que abarca demasiado y lo de las 3 profesiones me hace gracia; no tiene nada que ver la una con la otra y lo de astrólogo… En fin, sin comentarios.  Por fin llega mi barca y al final se convierte en un recorrido de 30 minutos con una espera de más de una hora…
Para acabar el día decido ir al Sunset Point. De hecho, al dar el paseo en barca hemos parado en ese embarcadero a recoger más pasajeros, pero luego hemos continuado. Justo antes de llegar me encuentro con un grupo de monos en lo alto de un muro (justo al lado de una carretera). Hay un señor que les da de comer. Me detengo a hacerles fotos y ver cómo comen y juegan. Por fin llego al destino buscado pero justo entonces comienza a llover fuerte, así que me veo obligada a coger un autorickshaws e ir de nuevo al centro. Una vez allí recojo mis cosas de la lavandería y me voy hacia el hotel. La ropa me la devuelven perfectamente planchada; parece que afortunadamente están todas las prendas (no me han perdido nada). Pero es cierto que lo que era blanco ya no lo es (por suerte, camisetas de algodón que pueden ser sustituidas) y no huele a jabón: como si hubieran metido la ropa en el agua (de un río, seguramente), hubieran frotado y luego dejado secar.
Al llegar al hotel me encuentro con una pequeña sorpresa agradable. Voy con la intención de cenar, coger la maleta e irme a la estación de tren para coger el tren nocturno hasta Jaipur. Al pedir la cena el propietario me dice que mientras espero la comida puedo ducharme. ¡Como si me hubiera leído el pensamiento! ¡Después de estar todo el día caminando y pasando calor no hay cosa que me apetezca más! La ducha está en el baño del restaurante, pero no me importa: por suerte, está limpio (y a caballo regalado…). El problema es que al finalizar, mientras empaqueto de nuevo las cosas en la mochila ya estoy de nuevo sudada: hace mucho calor! Ceno tranquilamente con unas vistas espectaculares del palacio de la ciudad iluminado y luego voy a la estación de tren. 

El tren sale de nuevo puntual a las 22:20. Llego una hora antes y me sorprende ver que ya está estacionado. El problema es que las luces están apagadas y tengo que utilizar la luz del móvil para acomodarme y encontrar mi cama. Justo unos minutos antes de partir encienden las luces.

sábado, 13 de julio de 2013

11-07-2013 Udaipur

Una de las ventajas que sea un lugar turístico es que encuentras lo que a veces es necesario para los turistas y que no lo es para los autóctonos como: cajeros automáticos, servicio de lavandería, tiendas donde encontrar papel de WC y otros utensilios básicos, retretes (no letrinas), etc.
Decido desayunar en el hotel. Me entretengo escuchando la discusión que mantienen un grupo de holandeses con los encargados del servicio de lavandería del hotel. Los huéspedes se quejan de que la ropa huele mal, sigue sucia y alguna pieza incluso más de lo que estaba. Uno de ellos (el que parece más enfadado) muestra una camisa blanca de lino al empleado del hotel. Bueno, la camisa fue blanca en algún momento pero la verdad es que ahora tiene fuertes manchas amarillentas. El chico insiste en que la camisa no estaba muy sucia y que se la han estropeado por completo y se niega a pagar. Yo había pensado en dejar mi ropa en la lavandería del hotel pero… visto lo visto creo que no. Decido dejarla en un puesto que vi el día anterior por la noche. En fin… espero que me devuelvan la ropa limpia y no me pierdan nada.
Lo primero que visito es el palacio de la ciudad. Se encuentra ubicado en el punto más elevado de la ciudad, lo que hace que se pueda divisar desde casi cualquier punto (y por detrás linda con el lago). Se puede fotografiar el exterior pero si quieres utilizar la cámara en el interior hacen pagar (y el precio es casi el doble de lo que cuesta la entrada). Decido dejar la cámara en el depósito. Lo que me resulta gracioso es que cualquiera puede hacer fotos con el móvil y nadie priva de ello.
Luego me pierdo por las calles… sin rumbo. El ruido de los cláxones es bastante molesto así que al cabo de un rato ya estoy mareada de tondo ruido. Además, hoy el día es lluvioso así que cuando comienza a llover fuerte decido refugiarme en el restaurante de un hotel y pedir arroz hervido porque llevo sólo una semana y padezco ya la primera diarrea del viaje (a saber el motivo…). 
Sigue lloviendo fuerte así que decido ir al hotel. Me relajo escuchando música y escribiendo el blog hasta que un sonido procedente del exterior me llama la atención. Abro la ventana y escucho música india procedente de algún lugar; parece que están celebrando algo. Salgo precipitada del hotel siguiendo la música… Al cruzar el puente descubro que la música procede de otro puente paralelo donde hay un grupo de personas, no muy numeroso… No sé exactamente qué celebran pero son indios e indias con elegantes vestidos tradicionales.  Llaman la atención especialmente los vestidos de ellas: me encantan! Rosas fucsias, lilas, rojos, verdes… saris de colores muy vistosos y repletos de ornamentas y brillantes. Todos danzan y a la vez se desplazan al ritmo de la música. Entremedio también nos encontramos un grupo de turistas: haciendo fotos y disfrutando con ellos. De hecho, parece que no les moleste pues al contrario, nos animan a participar y a unirnos a ellos. Observo que están separados: hombres (delante) y mujeres (atrás). Al final hay un señor subido a un caballo. Un grupo de niñas sostiene y transporta unas velas eléctricas unidas unas con otras por cables que limitan el grupo.
Al regresar al hotel me para un indio con el que había conversado anteriormente. De hecho, te paran muchísimas veces siempre empezando por la misma pregunta: “de dónde eres?”. Normalmente la persona que pregunta (género masculino casi todas las veces) se encuentra en su negocio o quiere llevarte a él. Y son muy hábiles a la hora de “engatusar”. Por eso soy bastante reacia a pararme a hablar con ellos pues habitualmente hay un interés económico detrás. Es una lástima porque una al final desconfía de todos y puede que alguno realmente lo que quiera sea simplemente conversar (aunque estadísticamente los que quieren hablar de forma altruista representan un porcentaje muy bajo…). Pero este se encuentra muy cerca del hotel (trabaja en un bar) y al verme pasar varias veces (siempre con la cámara!) me pregunta si soy fotógrafa profesional porque tanto ayer como hoy me ha visto hacer fotos (normal en mí…). Al decir de dónde soy empieza a hablarme castellano (muy bien, por cierto) y me cuenta que estuvo trabajando para Inditex años atrás y que tuvo una novia española con la que tiene un hijo en común. Le comento el recorrido que quiero hacer por India y me hace algunas sugerencias.

Decido cenar en el hotel pero al subir… está repleto de gente. Prefiero algo más tranquilo así que salgo de nuevo con la intención de encontrar un restaurante cerca. Y en la misma esquina encuentro un lugar que me parece adecuado en el que la única comensal soy yo. Al pedir la comida el señor que regenta el lugar me deja un libro de visitas. Pensaba que sería por el restaurante… pero descubro que, a parte de restaurante y hotel también hace masajes y, de hecho, los comentarios del libro de invitados se refieren exclusivamente a los masajes. Mientras espero la comida leo detenidamente las dedicatorias. Por un momento me siento tentada a probar. Los comentarios son realmente buenos. Los escribe gente de todo el mundo y algunos incluso vienen regularmente. Parece que el tipo sabe hacer milagros en una sesión de 45 minutos. Pero me frena mi presupuesto. Voy a pasar 2 meses en India y, a pesar de ser un país económico, voy a gastar dinero. La sesión cuesta 1500 rupias, pero aún me queda mucho viaje por delante porque estoy justo al principio. De todas formas, tanto el señor como su ayudante (un chico joven) son muy amables y me recomiendan algunos lugares para visitar mañana.

10-07-2013 Udaipur

Por la mañana algunos siguen durmiendo y otros convierten las camas en asientos. He podido dormir aunque despertándome a ratos. Yo me encuentro en la cama más elevada y miro hacia abajo: están todos los asientos ocupados de modo que deberé permanecer arriba. Es un poco incómodo porque si me siento dejando caer las piernas en la escalera, mi cabeza topa con el techo y casi con los ventiladores repletos de mugre que hay en medio. Y mis pies molestan los pasajeros que se mueven por el pasillo. Sólo tengo 2 opciones: seguir tumbada o mantenerme sentada con la espalda algo curvada y esperar a que el tren se vaya vaciando.
Llegamos muy puntuales a Udaipur: 15:55. He leído en la guía que en la estación de trenes hay un lugar donde poder comprar un taxi prepago, pero sólo funciona en temporada alta. Y como no es temporada alta me tocará enfrentarme a aquello que “tanto me gusta”: el regateo. Hay muchísimos rickshaws “a la caza del turista”. A veces no funciona eso de preguntar a varios porque entre ellos ya marcan un precio.
Le digo al conductor el nombre de un hotel que recomienda la guía. Me pregunta si tengo reserva y le respondo afirmativamente (de lo contrario me intentará llevar a uno de los hoteles donde él puede llevarse una comisión). El conductor me comenta que hoy hay una festividad. El problema es que con motivo de la festividad las calles del centro están cortadas. Llegamos hasta un punto donde no puede continuar y me comenta que el hotel se encuentra lejos de donde estamos. Entonces saco mi guía y busco otro hotel al que se pueda acceder con el rickshaws. Pero antes me lleva a otro hotel. Me dice que eche un vistazo a las habitaciones y me niego: creo que las instrucciones dadas son claras.
Necesito una ducha urgentemente! El día anterior estuve pateándome Mumbai y pasando calor; luego casi 17 horas en tren… Otra cosa que no deja de sorprenderme: segundo hotel donde me dicen que hay “free wi-fi”, me dan la contraseña y resulta que luego no hay señal en todo el maldito hotel. En fin “this is India”. Me habían avisado que para venir aquí tenía que llevar una maleta cargada de paciencia. Y para no haber… en este no hay ni toallas, ni papel de WC ni jabón… Y el precio es relativamente caro (porque las habitaciones más baratas están ocupadas) aunque la habitación está bastante bien y el hotel tiene buenas vistas. El problema es que la recepción se encuentra en el restaurante y este, en el “tejado” (con vistas al lago). Eso significa que tengo que subir no sé cuántos pisos con las dos mochilas.
Son las 6pm cuando salgo del hotel. Me paseo por las calles relajadamente. Bueno, lo de “relajadamente” es un decir porque aunque las calles son estrechas el tráfico es abundante y los conductores parece que tengan las manos pegadas al claxon. En las calles (obviamente, sin aceras) se mezcla la gente caminando, las vacas sagradas, los vehículos y las cabras… todo ello mezclado.
Las mujeres visten elegantes saris de colores vivos. Me sorprende ver las sucias calles y ellas vestidas impecable. Desconozco si se cambian de vestimenta varias veces al día pero lo que sí sé es que no deben pasearse mucho rato por las calles para mantener la indumentaria tan limpia. Con sólo pasar unas horas todo queda sucio. Por eso recomiendan llevar ropa vieja para viajar por India.  

La primera impresión que me llevo del lugar es que es extremadamente turístico. Está repleto de hoteles, tiendas, restaurantes, actividades… todo pensado para los turistas. Demasiado explotado para mi gusto. A diferencia de Mumbai, aquí no es extraño encontrar gente de otros países. Aunque es un lugar con encanto. La tranquilidad que desprende el lago contrasta con el bullicio de gente y ruido del interior de la ciudad. En medio del lago hay varias islas (una de ellas es un palacio reconvertido en hotel de lujo al que, obviamente, sólo se puede acceder en barco). 

09-07-2013 Mumbai

Hoy ya dejo Mumbai. Mi tren sale a las 11:30pm desde la estación de Bandra. Recojo las cosas en el hotel y bajo a recepción para que me devuelvan el dinero que pagué por la primera noche (pues Anand ha hablado con ellos y han reconocido el fallo). En el hotel me guardan la mochila hasta el atardecer.
Cojo un taxi con destino a la mezquita Haji Ali Dargah. Me deja justo enfrente pero en ese momento se encuentra cerrada. Muy cerca de allí visito el templo de Mahalaxmi. Para visitar el templo tienes que adentrarte en una calle estrecha llena de puestecillos para poder comprar ofrendas. Una vez delante del templo te debes descalzar, pasar una inspección de bolsos/maletas y dejar la cámara (aunque no el móvil). Está terminantemente prohibido hacer fotografías en el interior del recinto. No es demasiado grande y al final hay un lugar rodeado de mar con vistas al Skyline de Mumbai.
Luego decido caminar y perderme por las calles. Hay mucho contraste: delante de un centro comercial moderno y nuevo puedes encontrar los más decrépitos y mugrientes lugares. Después de caminar un buen rato y perdida en medio de la inmensa ciudad decido coger un taxi. Esperándolo se me acerca una adolescente que de nuevo me pregunta de dónde soy e iniciamos conversación. Para un taxi y subimos en él. Habla precipitadamente y me recomienda los lugares que tengo que visitar antes de partir. Al final le dice al conductor (que no habla inglés) que me lleve a unos cuantos puestos. Ella se despide de nosotros cerca de Victoria Station y yo sigo en el taxi. Empezamos mal porque el conductor me lleva otra vez a la Puerta de India que está en el lado opuesto de donde quiero ir (la mezquita que no conseguí visitar por la mañana) y que además ya visité.
Por fin logro visitar la mezquita. La visita vale la pena porque desde allí hay unas vistas espectaculares del Skyline de la ciudad. Una larga pasarela se adentra en el mar Arábigo y da acceso a la mezquita. Cuando sube la marea la mezquita se convierte en una isla. Hay muchísimos mendigos que se alinean a lo largo de la pasarela. Me llama la atención que algunos también tienen una báscula y te animan a pesarte a cambio de unas cuantas rupias.
Después me dirijo en taxi hasta Marine Drive: algo así como un paseo marítimo donde bastantes indios contemplan el atardecer. Tenía la intención de ver el Mercado de Crawford antes de partir pero el encuentro con un grupo de españoles hace cambiar mis planes. Como resulta difícil en Mumbai en esta época de monzones encontrarse con turistas, cada vez que nos cruzamos unos pocos nos quedamos mirando, pues resulta curioso. Conozco un grupo de cuatro españoles: tres chicos y una chica y comenzamos a charlar. Se han conocido en India, mediante una web de viajeros. Cada uno de ellos pasará en India más o menos tiempo, pero con un mínimo de casi un mes. Además, da la casualidad que estamos en el mismo hotel! Nos acercamos hasta Colaba donde nos tomamos una cerveza india. Yo me despido de ellos para irme ya hacia el hotel y recoger mis cosas.
Cada día es una lucha constante por utilizar los malditos taxímetros. Como saben que eres turista quieren pactar precio. Pactar precio?? Cuando pactas un precio tienes que tener una referencia y si eres turista y además acabas de llegar NO la tienes. Entonces, ¿en base a qué tomo la referencia? Pues en base a nada. Si pactas precio, ellos ganan. Sé que soy turista y estamos hablando de cantidades pequeñas, pero lo que me irrita es la permanente sensación de que quieren tomarte el pelo. Por lo menos en Mumbai todos llevan taxímetro: tanto los taxis como los rickshaws. Si uno se niega a utilizarlo sabes que otro estará dispuesto (y este se llevará propina por ser más honesto que los demás!). Pero no en toda India ocurre así.
El recorrido hasta la estación se hace largo porque hay mucho tráfico. Para ellos los semáforos son inexistentes: de hecho, no sé exactamente para qué los tienen. Adelantan por y donde quieren. No importa que para tal fin tengan que invadir el carril contrario y este esté repleto de vehículos. Aunque me llama la atención que los coches no tienen muchas abolladuras. En fin, supongo que estarán acostumbrados. En más de una ocasión cierro los ojos pensando: “Dios! Esta vez sí! (chocará)” pero, por suerte, nunca ocurre. Demasiado a menudo acortan muchísimo las distancias entre vehículos.
Llego por fin a la estación hora y media antes. Mejor: así tengo tiempo de ir a cenar y comprar comida para el largo viaje que me espera. Media hora antes de partir el tren ya se encuentra en la estación y eso hace que la salida sea puntual (cosa no demasiado habitual). En los trenes hay primera, segunda y tercera clase. Me recomendaron coger segunda. Hay un muy estrecho pasillo  con asientos “convertibles” en camas a cada lado. En el lado izquierdo son literas de tres personas; en el lado derecho son sólo dos. También me recomendaron reservar la litera más elevada, pues no es tan ruidosa y tienes más “intimidad”. En Tailandia recuerdo haber dormido en un “sleeping train” bastante mejor que los que hay actualmente en India. Allí pasaba un empleado, preparaba las literas y facilitaba la ropa de cama (sábanas y almohada). En India no hay nada de todo esto… cada uno se prepara la cama y nadie te proporciona absolutamente nada. Dejo la mochila grande debajo de un asiento y la pequeña la hago servir de almohada. Me avisaron de que se cometen muchos robos en los trenes nocturnos y “los ladrones” saben que la mochila pequeña es la que contiene las cosas de valor (cámara, dinero, móvil, ordenador…) así que ésta ha de sujetarse bien. 
Si has de ir al baño… La letrina es mixta (tanto para hombres como para mujeres). Aireada, eso sí, porque no es más que un hoyo en el suelo, de modo que las heces y orines van a parar directamente a la vía (que, además, se puede ver). Por lo menos el “aire condicionado natural” hace que el hedor no sea tan fuerte. Pero el fuerte olor se adentra en el interior del vagón cada vez que el tren para. 

08-07-2013 Mumbai

Hoy me levanto con la intención de visitar la Pagoda Global. Esta se encuentra en un extremo norte de la ciudad. Antes de partir, mientras desayuno en el hotel, converso con uno de los camareros y le comento que quiero comprar una tarjeta SIM india (pues las llamadas son mucho más económicas). Enseguida se ofrece a proporcionarme una. Genial, una cosa menos. Luego voy a la Estación Victoria para comprar el billete de tren para el día siguiente, con destino Udaipur. Después me dirijo hacia otra terminal de trenes “Church Gate” para coger el tren que me lleve hasta la Pagoda Global. En Mumbai no hay Metro (de hecho, en toda India solo hay metro en Delhi) pero sí hay trenes que atraviesan la ciudad de norte a sur y se utilizan a modo de Metro. La mía es la última parada y el trayecto será más bien largo (de casi una hora). Es mediodía así que el tren a esa hora no va muy cargado.
Llego al embarcadero para coger el ferry que me dejará en la isla donde se encuentra ubicada la Pagoda. El trayecto hasta allí es corto (unos 15 minutos). El día hoy es lluvioso. En la isla hay también un pequeño parque de atracciones para niños. Están todo pensado para pasar allí un día en familia: con un poco de distracción y cultura. El templo es precioso y grande. Tiene una enorme cúpula dorada y puntiaguda. Aún está en construcción. Se puede acceder al templo pero sólo en una pequeña parte. De hecho, tampoco hay mucho que ver adentro: simplemente hay un gran espacio circular vacío. Al salir una jovencita se ofrece a darme una explicación. Luego me anima a participar en una pequeña sesión de meditación (10 minutos) en otro pequeño templo que se encuentra justo al lado. Acepto.
Subirse a un tren en india es toda una aventura. Hay vagones separados para hombres y mujeres (por lo menos, en distancias cortas y en Mumbai). Las puertas están totalmente abiertas y algunos sacan medio torso fuera para refrescarse, simplemente agarrándose a la puerta. Los precios varían no en función de que cojas uno de más rápido o lento (con más o menos paradas) sino que elijas primera, segunda o tercera clase. Me subo al tren precipitadamente ya que por poco se me escapa. El vagón está casi vacío y me siento al lado de una mujer. Me pregunta de dónde soy y así iniciamos una conversación. Me explica que tiene tres hijas y una de ellas vive en EEUU, que aún no la ha visitado nunca allí pero espera hacerlo el próximo año. Me pregunta también hacia dónde me dirijo y al conocer mi respuesta me dice que me he equivocado de tren. Es tarde y pronto va a anochecer y además Anand me ha propuesto de ir a cenar así que por un momento me desespero. Pero no, la señora quería decir que hay otros trenes más rápidos que me irían mejor para llegar a mi destino. Bien, si se trata de eso… no me importa. Le muestro mi billete y me dice que estoy en el vagón incorrecto: yo tengo segunda clase y estoy en primera. Miro a mi alrededor y no veo nada que me haga pensar que estoy en primera clase. Tal vez sea porque hay en los de primera menos gente? Además, al comprar el billete en ningún momento me preguntaron qué clase quería y tampoco sabía que los trenes de recorrido corto también distinguían por clases. En fin, no importa, me cambiaré en la siguiente parada. Pero la señora me dice que espere y que cambie de tren (por uno más rápido) en una parada determinada. Al acercarnos a esta parada nos levantamos y ella me dice que me arrincone en un extremo del vagón. No logro entender muy bien por qué pero obedezco. Pronto salgo de dudas… Llegamos a esta estación y al estar las puertas abiertas veo una muchedumbre apelotonada preparándose para entrar. El tren va reduciendo la velocidad para parar y, estando aún en marcha, algunas pasajeras entran precipitadamente. Lo que veo a continuación me deja boquiabierta: una estampida (literal) de mujeres empujándose, gritando y casi golpeándose por entrar en el vagón. Parece que hayan enloquecido!!! Con razón la señora me recomendaba que me arrinconara en el otro extremo… Si te pillan en medio te tiran al suelo sin remordimiento alguno! Una vez han entrado todas intentamos salir de allí: también a empujones. Es casi imposible! Yo voy siguiendo a la señora, que va abriendo paso. Finalmente logramos el objetivo y procedemos a buscar el “tren rápido”. La señora me da instrucciones hasta que finalmente nos separamos. Ahora me tocara enfrentarme a la “estampida” participando yo en ella. A esa hora hay muchísima gente; supongo que es cuando finalizan su jornada laboral. Son casi las 8pm.

Antes de llegar a ChurchGate escribo un mensaje a Anand. Él me había dicho de quedar en Colaba pero sin concretar lugar. Como no responde, cojo un taxi y me dirijo al hotel. Al llegar al hotel Anand me dice que me espera en ChurchGate! Finalmente lo llamo y me dice que me espere, que él vendrá a buscarme y llegará en unos 10 minutos. Cenamos en un lugar bastante moderno cerca del hotel. Él me recomienda deliciosos platos indios que no son muy picantes. 

07-07-2013 Mumbai

Comienzo mi visita por Mumbai siguiendo uno de los recorridos que recomienda la Lonely Planet. Visito la Flora Fontaine, luego el Tribunal Supremo, y la Universidad de Mumbai (aunque está prohibido el acceso en el interior). Luego me paro en el Museo Príncipe de Gales. Casi al finalizar la visita me encuentro con la pareja que había conocido la noche anterior. Me explican que él ha sido víctima de un timo muy gracioso. En los foros de viajes y guías hay registrados numerosos y variopintos timos, algunos de ellos ciertamente graciosos. Este ya lo había leído antes de emprender el viaje. El chico ha sido víctima de la estafa de la “cera en la oreja”: de repente se te acerca un hombre con el propósito y utensilios para limpiarte las orejas. Te distrae y, en un momento determinado, te muestra toda la cera que supuestamente ha extraído de tus orejas. Es una cantidad sobrenatural! Pero por el “numerito” debes pagar. Yo estaba acostumbrada a ver cómo los magos retiran una moneda de detrás de la oreja; supongo que esta otra es la modalidad india.
Sigo mi recorrido hasta llegar a la Puerta de India. Al ser uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad se encuentra repleta de indios. Me sorprende de nuevo ver tan pocos turistas. Justo al lado se encuentra el famoso y lujoso Hotel Taj Mahal. Me distraigo haciendo fotos del lugar y en un momento determinado se me acerca una familia y me señalan su móvil. Pensaba que querían que les hiciera una foto, pero no… Me piden que yo me haga una foto con ellos. Obviamente acepto y al terminar otras personas me piden lo mismo. Y así sucesivamente hasta llegar a la salida! De hecho, ya me habían avisado de esta peculiar situación: pues si decidís visitar India, cualquier turista, vais a ser “víctima” de esta graciosa situación. Debemos parecerles muy exóticos!

De ahí me dirijo al barrio de Colaba y me paseo por sus calles repletas de tiendas y mercadillos callejeros. Luego cojo un taxi de vuelta al hotel. 

06-07-2013 Mumbai (India)

Después de cinco horas y media de vuelo  sin apenas poder descansar llego a Mumbai. Son las 4:14am (hora local). Tengo unas ganas terribles de llegar al hotel y descansar! Pero aún me queda mucho recorrido… con sorpresas incluidas. De nuevo, me sorprende ver en el aeropuerto tan pocos turistas: casi todo son autóctonos. Paso dos horas en el aeropuerto antes de poder salir: una larga cola en el control de pasaportes, más colas para no sé qué controles más y más colas en la recogida de equipaje y salida. Aunque es aún temprano hay muchísima gente. Al aterrizar era aún de noche; sin embargo, al salir, ya ha amanecido.
Cambio unos pocos euros por rupias antes de salir (los tipos de cambio no son buenos en los aeropuertos) y así tengo algo de efectivo para el taxi prepago. El señor que me vende el billete me anota un número en el recibo (supuestamente, el que identifica el taxi que me tiene que llevar). Al salir, un tipo que trabaja allí (con identificación visible) se “ofrece” a ayudarme. Coge mi recibo, observa donde hay anotado el “famoso” número y comienza la búsqueda. El tipo se va paseando rápidamente de un lado a otro gritando el número de mi taxi. El parking está a rebosar de ellos pero, al parecer, el mío no se encuentra. Yo le sigo detrás con mi mochila de 12 quilos en la espalda más la otra pequeña de otros tantos… Llevo dos días durmiendo poco y estoy cansada. Saben??? En un punto determinado la situación me recuerda a una escena de la película de Woody Allen: “Coge el dinero y corre”. En ella, el protagonista (Woody Allen) pretende atracar un banco y entrega una nota al cajero que dice algo así como “Esto es un atraco: actúe con normalidad y proceda a darme el dinero”. El cajero lee en voz alta la frase y tiene problemas para entender una de las palabras (no recuerdo bien cuál, pero la parte de “esto es un atraco” está muy clara). Como tiene dudas, se dirige al compañero de al lado para ver si él logra descifrar. Tampoco. Y así sucesivamente la nota va pasando de mano en mano. Todos actúan con normalidad y tranquilidad: el único objetivo es entender exactamente el contenido del mensaje. Al final hay un grupo de unos 20 empleados del banco discrepando acerca de la maldita palabra que no se entiende por la mala caligrafía y suerte del atracador.
Pues  bien, a mí me ocurrió algo parecido. Me encuentro en el papel del atracador (por ser la portadora de la nota/recibo pero que NO escribí yo). Al parecer, uno de los números no está claro y el tipo que me acompaña empieza a preguntar a todos y cada uno de los compañeros con los que se va topando por el camino. Así se reúnen unos cuantos y no llegan a ningún acuerdo. Finalmente me hacen subir a un taxi. Al momento me hacen bajar… A estas alturas, acabando de llegar a Mumbai, ya estoy mareada y cabreada. El tipo me dice que va a ir a la oficina para que me cambien el taxi-no-encontrado. Pide que me espere y me niego: al comprar el billete leí un aviso muy grande que decía: SIN recibo NO hay reclamación alguna. Si perdía al tipo de vista me quedaba sin taxi así que no me quedaba otra que acompañarle… Por fin me dan un nuevo taxi y en el momento de subir… el tipo que me había acompañado me pide propina!!! Me niego rotundamente: un servicio nefasto y encima quieren propina??? Se marcha enfadado y me suelta unas palabras en su idioma que obviamente no entiendo pero que deduzco nada bueno.
Después de casi una hora de viaje llego al hotel. El día es gris y a ratos llueve. Segunda sorpresa negativa al llegar al hotel. El hall está repleto de gente. Espero mi turno y le digo al recepcionista que tengo una reserva. Me pide el pasaporte y busca. Mi nombre no aparece. Le explico que la reserva no la hice yo sino Anand (un chico que trabaja organizando viajes para indios adinerados que desean conocer otros países). Me piden un número de reserva que NO tengo. Finalmente me pide que me siente y espere… Después de atender a toda la gente ya sólo quedo yo esperando y, total, para nada: insiste en que no encuentra mi reserva y que si quiero quedarme tengo que pagar. Pues nada, no me apetece discutir así que pago una noche (además, casi el triple del precio por noche acordado con Anand) y subo a la habitación para dormir. Más tarde hablaré con Anand, pues estoy segura de que se trata de un error.
Por fin en la habitación del hotel!!! Veo que alguien me llamó (teléfono de India, pero no coincide con el de Anand). No importa; sea quien sea puede esperar. Ahora sólo quiero dormir. Pero antes quiero ducharme. Abro la mochila y… NO ES LA MÍA!!! Llegado ese punto me desespero. Y me vienen a la cabeza dos pensamientos: 1) el mal de ojos que seguro me ha echado el tipo del aeropuerto por no haberle dado propina 2) la llamada perdida. Encuentro un peluche, una cámara y ropa de niña. Diría que el 80% de las maletas que veo en los aeropuertos son negras, de modo que es fácil confundirlas. Y la mayoría son maletas. La mía es mochila y gris (del Decathlon). Eso, obviamente, no justifica mi confusión. La mochila es exactamente igual que la mía: además, completamente nueva y mismo peso. Cuando estaba en el aeropuerto recuerdo que asignaron una cinta a nuestro vuelo y luego dieron el aviso de que la habían cambiado. Al cogerla, entre el cansancio y la prisa de llegar al hotel, sólo me fijé en la etiqueta con el vuelo (Amman- Mumbai) y como por fuera aparentemente todo era igual… Ahora sí di importancia a la llamada, pues probablemente estaba relacionada con la maleta. Efectivamente. Un tipo del aeropuerto responde al otro lado de la línea y me dice que tienen mi maleta y yo tengo una que no me pertenece, de modo que tengo que ir al aeropuerto. Salgo disparada del hotel. Necesito encontrar un cajero para sacar dinero. Al salir del cajero paro un taxi. No me apetece nada regatear así que pregunto el precio y como es más barato que el taxi prepago, acepto de inmediato. De nuevo una hora hasta el aeropuerto. Una vez allí explico lo ocurrido a no sé cuanta gente para que me orienten… por fin llego a un lugar donde me dicen que me espere y en unos minutos aparece un tipo del aeropuerto con mi mochila y procedemos al intercambio. Otra vez taxi y de camino hacia el hotel. Por lo menos he recuperado mi mochila. Más tarde me enteré de que, además, la mochila pertenecía a la hija de un hombre que se sentó a mi lado en el avión. Me escribió un correo electrónico y me llamó. Su nombre es Pascal y recordaba que el avión su hija y su pareja estaban sentadas muy cerca de donde nos encontrábamos nosotros y de vez en cuando lo llamaban. También recibí noticias de que también pudieron recuperar su maleta en el aeropuerto.
Ahora sí: por fin en el hotel y podré dormir!!! Me acuesto casi al mediodía y me despiertan sobre las 6pm. Suena el teléfono de la habitación y, medio dormida, respondo a la llamada. Es Anand. Me dice que a las 7:30pm pasará a recogerme al hotel para ir a un encuentro de couchsurfing. Al principio digo que no pero acabo aceptando. Tengo hora y media para ducharme y comer en el hotel. Le comento el problema que tuve en la recepción por la mañana y me dice que no me preocupe, que ya se ocupará de hablar con ellos.

Hora y media más tarde Anand pasa a recogerme. No nos habíamos visto nunca y, a pesar de que hay bastante gente en la recepción en ese momento, a él no le cuesta reconocerme  porque creo que soy la única “no india”. Pasamos por la famosa Estación Victoria (a unos minutos del hotel) y cogemos un taxi que nos lleve al lugar de encuentro. Está un poco lejos. El local no tiene nada de indio (aunque está repleto de ellos). Más bien pasaría por americano. El volumen de la música (comercial americana/europea) está muy alto, con lo que casi hay que gritar para mantener una conversación. El grupo no es muy grande, pero hay gente de varios países (también de India, obviamente). Paso un rato agradable conversando con ellos. Les comento mi torpe llegada y los lugares que tengo intención de visitar en los dos meses. Muy amablemente me dan consejos e información sobre varios de esos lugares. Yo regreso al hotel y ellos siguen la noche (es sábado). 

05-07-2013 Amman

Apenas duermo. Me levanto muy temprano (5:50am) para aprovechar el único día disponible para visitar la capital jordana. Un autobús pasa cada hora por el hotel para ir al centro. El viaje son unos 45 minutos. Al llegar, el conductor del autobús me da instrucciones sobre cómo coger el autobús de vuelta. Desde ahí cojo un taxi compartido que me deja en el centro. Es muy temprano y están todos los comercios aún cerrados y no se ve mucha gente por las calles. La primera visita es el Teatro Romano. Está muy bien conservado. Subo las empinadas escaleras hasta la parte más elevada. Desde arriba hay buenas vistas: se vislumbra a lo lejos la Ciudadela. Bajo con cuidado las mismas escaleras: no aptas para vertiginosos. No hay donde agarrase y si das un paso en falso… tal vez no lo puedas contar. Dentro del mismo recinto visito el pequeño Museo de Tradiciones Populares.
Pregunto a un policía turístico cómo llegar caminando hasta la Ciudadela. El acceso es fácil: justo enfrente del teatro Romano hay unas estrechas escaleras que suben. Es aún temprano, pero el sol ya pica muchísimo y con la subidita llego hasta arriba bien acalorada! Desde ese lugar hay unas vistas espectaculares de gran parte de la ciudad: desde cualquier lado, puesto que la Ciudadela se halla en lo alto de una pequeña montaña/colina. Los colores de las casas en esta parte de la ciudad son muy uniformes: abundan los terrosos. La única excepción son los rascacielos que se están construyendo que se divisan a lo lejos y que rompen completamente con la sintonía del lugar. Dentro de la Ciudadela visito también el Museo arqueológico. Después regreso al Teatro Romano. La ciudad ahora ha despertado: los comercios ya están abiertos y hay mucho bullicio de gente en las calles. Otra fuerte subida para llegar a la calle más moderna y turística de la ciudad: Al-Rainbow Street. Aquí se encuentra un mercadillo callejero con artesanía y souvenirs cuyo público objetivo es claro: turistas. También hay bastantes tiendas y bonitos pero caros lugares para tomar algo.

En cuanto a impresiones hay dos aspectos que me chocan: apenas se ven mujeres por las calles (o, por lo menos, muy pocas en comparación con la abundancia de hombres). Lo siguiente es que tampoco hay muchos turistas: incluso en los lugares más emblemáticos de la ciudad. Diría que es una ciudad sucia y caótica pero… nada comparado con India. Mi vuelo sale a las 20:20 (hora en Jordania).

04-07-2013 Barcelona-Amman

Día de partida: 4 de julio de 2013. Destino: India! Con escala de casi 24 horas en Amman (Jordania). Viajo con Royal Jordanian. Llego a Barcelona en coche y en compañía de Marta y Cristina Camps y Carme. Llego al aeropuerto  con tiempo más que suficiente (salida prevista a las 15:30). Casi todos los pasajeros son probablemente jordanos pero, casualmente, toca sentarme al lado de una pareja de Barcelona con la que converso durante el trayecto. Su destino final es Jordania y estarán allí una semana. Después de cuatro horas y media llegamos a Amman. Son allí más de las 8pm (una hora más que en España). Dos días antes me había enterado de que, con la compra del billete de avión, está incluida una noche de hotel (cerca del aeropuerto). Y también me informaron de que hay que ir con mucho cuidado porque, al tratarse de una escala, si no se deja claro dentro del recinto aeroportuario que la intención es salir es muy probable que faciliten un visado de tránsito y con este no es posible salir del hotel. Mi intención es visitar Amman, de modo que tengo que solicitar el visado de turista (y, obviamente, pagar la correspondiente tasa de 20 dinares). El en aeropuerto conozco a un grupo de alemanes: un periodista, un ingeniero y una pareja que no habla inglés. Ellos no necesitan salir del hotel porque sus respectivos vuelos salen de madrugada. El hotel es mucho más lujoso de lo que para mí es habitual. Cenamos juntos. Me siento algo incómoda rodeada de los alemanes: mi inglés no es demasiado bueno pero el de dos de ellos es nulo, así que me despido pronto de ellos y así los dejo conversar.