Por la mañana algunos siguen durmiendo y otros convierten las camas en
asientos. He podido dormir aunque despertándome a ratos. Yo me encuentro en la
cama más elevada y miro hacia abajo: están todos los asientos ocupados de modo
que deberé permanecer arriba. Es un poco incómodo porque si me siento dejando
caer las piernas en la escalera, mi cabeza topa con el techo y casi con los
ventiladores repletos de mugre que hay en medio. Y mis pies molestan los
pasajeros que se mueven por el pasillo. Sólo tengo 2 opciones: seguir tumbada o
mantenerme sentada con la espalda algo curvada y esperar a que el tren se vaya
vaciando.
Llegamos muy puntuales a Udaipur: 15:55. He leído en la guía que en la
estación de trenes hay un lugar donde poder comprar un taxi prepago, pero sólo
funciona en temporada alta. Y como no es temporada alta me tocará enfrentarme a
aquello que “tanto me gusta”: el regateo. Hay muchísimos rickshaws “a la caza
del turista”. A veces no funciona eso de preguntar a varios porque entre ellos
ya marcan un precio.
Le digo al conductor el nombre de un hotel que recomienda la guía. Me
pregunta si tengo reserva y le respondo afirmativamente (de lo contrario me
intentará llevar a uno de los hoteles donde él puede llevarse una comisión). El
conductor me comenta que hoy hay una festividad. El problema es que con motivo
de la festividad las calles del centro están cortadas. Llegamos hasta un punto
donde no puede continuar y me comenta que el hotel se encuentra lejos de donde
estamos. Entonces saco mi guía y busco otro hotel al que se pueda acceder con
el rickshaws. Pero antes me lleva a otro hotel. Me dice que eche un vistazo a
las habitaciones y me niego: creo que las instrucciones dadas son claras.
Necesito una ducha urgentemente! El día anterior estuve pateándome
Mumbai y pasando calor; luego casi 17 horas en tren… Otra cosa que no deja de
sorprenderme: segundo hotel donde me dicen que hay “free wi-fi”, me dan la
contraseña y resulta que luego no hay señal en todo el maldito hotel. En fin
“this is India”. Me habían avisado que para venir aquí tenía que llevar una maleta
cargada de paciencia. Y para no haber… en este no hay ni toallas, ni papel de
WC ni jabón… Y el precio es relativamente caro (porque las habitaciones más
baratas están ocupadas) aunque la habitación está bastante bien y el hotel
tiene buenas vistas. El problema es que la recepción se encuentra en el
restaurante y este, en el “tejado” (con vistas al lago). Eso significa que
tengo que subir no sé cuántos pisos con las dos mochilas.
Son las 6pm cuando salgo del hotel. Me paseo por las calles
relajadamente. Bueno, lo de “relajadamente” es un decir porque aunque las
calles son estrechas el tráfico es abundante y los conductores parece que
tengan las manos pegadas al claxon. En las calles (obviamente, sin aceras) se
mezcla la gente caminando, las vacas sagradas, los vehículos y las cabras… todo
ello mezclado.
Las mujeres visten elegantes saris de colores vivos. Me sorprende ver
las sucias calles y ellas vestidas impecable. Desconozco si se cambian de
vestimenta varias veces al día pero lo que sí sé es que no deben pasearse mucho
rato por las calles para mantener la indumentaria tan limpia. Con sólo pasar
unas horas todo queda sucio. Por eso recomiendan llevar ropa vieja para viajar
por India.
La primera impresión que me llevo del lugar es que es extremadamente
turístico. Está repleto de hoteles, tiendas, restaurantes, actividades… todo
pensado para los turistas. Demasiado explotado para mi gusto. A diferencia de
Mumbai, aquí no es extraño encontrar gente de otros países. Aunque es un lugar
con encanto. La tranquilidad que desprende el lago contrasta con el bullicio de
gente y ruido del interior de la ciudad. En medio del lago hay varias islas
(una de ellas es un palacio reconvertido en hotel de lujo al que, obviamente,
sólo se puede acceder en barco).
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