sábado, 13 de julio de 2013

10-07-2013 Udaipur

Por la mañana algunos siguen durmiendo y otros convierten las camas en asientos. He podido dormir aunque despertándome a ratos. Yo me encuentro en la cama más elevada y miro hacia abajo: están todos los asientos ocupados de modo que deberé permanecer arriba. Es un poco incómodo porque si me siento dejando caer las piernas en la escalera, mi cabeza topa con el techo y casi con los ventiladores repletos de mugre que hay en medio. Y mis pies molestan los pasajeros que se mueven por el pasillo. Sólo tengo 2 opciones: seguir tumbada o mantenerme sentada con la espalda algo curvada y esperar a que el tren se vaya vaciando.
Llegamos muy puntuales a Udaipur: 15:55. He leído en la guía que en la estación de trenes hay un lugar donde poder comprar un taxi prepago, pero sólo funciona en temporada alta. Y como no es temporada alta me tocará enfrentarme a aquello que “tanto me gusta”: el regateo. Hay muchísimos rickshaws “a la caza del turista”. A veces no funciona eso de preguntar a varios porque entre ellos ya marcan un precio.
Le digo al conductor el nombre de un hotel que recomienda la guía. Me pregunta si tengo reserva y le respondo afirmativamente (de lo contrario me intentará llevar a uno de los hoteles donde él puede llevarse una comisión). El conductor me comenta que hoy hay una festividad. El problema es que con motivo de la festividad las calles del centro están cortadas. Llegamos hasta un punto donde no puede continuar y me comenta que el hotel se encuentra lejos de donde estamos. Entonces saco mi guía y busco otro hotel al que se pueda acceder con el rickshaws. Pero antes me lleva a otro hotel. Me dice que eche un vistazo a las habitaciones y me niego: creo que las instrucciones dadas son claras.
Necesito una ducha urgentemente! El día anterior estuve pateándome Mumbai y pasando calor; luego casi 17 horas en tren… Otra cosa que no deja de sorprenderme: segundo hotel donde me dicen que hay “free wi-fi”, me dan la contraseña y resulta que luego no hay señal en todo el maldito hotel. En fin “this is India”. Me habían avisado que para venir aquí tenía que llevar una maleta cargada de paciencia. Y para no haber… en este no hay ni toallas, ni papel de WC ni jabón… Y el precio es relativamente caro (porque las habitaciones más baratas están ocupadas) aunque la habitación está bastante bien y el hotel tiene buenas vistas. El problema es que la recepción se encuentra en el restaurante y este, en el “tejado” (con vistas al lago). Eso significa que tengo que subir no sé cuántos pisos con las dos mochilas.
Son las 6pm cuando salgo del hotel. Me paseo por las calles relajadamente. Bueno, lo de “relajadamente” es un decir porque aunque las calles son estrechas el tráfico es abundante y los conductores parece que tengan las manos pegadas al claxon. En las calles (obviamente, sin aceras) se mezcla la gente caminando, las vacas sagradas, los vehículos y las cabras… todo ello mezclado.
Las mujeres visten elegantes saris de colores vivos. Me sorprende ver las sucias calles y ellas vestidas impecable. Desconozco si se cambian de vestimenta varias veces al día pero lo que sí sé es que no deben pasearse mucho rato por las calles para mantener la indumentaria tan limpia. Con sólo pasar unas horas todo queda sucio. Por eso recomiendan llevar ropa vieja para viajar por India.  

La primera impresión que me llevo del lugar es que es extremadamente turístico. Está repleto de hoteles, tiendas, restaurantes, actividades… todo pensado para los turistas. Demasiado explotado para mi gusto. A diferencia de Mumbai, aquí no es extraño encontrar gente de otros países. Aunque es un lugar con encanto. La tranquilidad que desprende el lago contrasta con el bullicio de gente y ruido del interior de la ciudad. En medio del lago hay varias islas (una de ellas es un palacio reconvertido en hotel de lujo al que, obviamente, sólo se puede acceder en barco). 

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