sábado, 13 de julio de 2013

11-07-2013 Udaipur

Una de las ventajas que sea un lugar turístico es que encuentras lo que a veces es necesario para los turistas y que no lo es para los autóctonos como: cajeros automáticos, servicio de lavandería, tiendas donde encontrar papel de WC y otros utensilios básicos, retretes (no letrinas), etc.
Decido desayunar en el hotel. Me entretengo escuchando la discusión que mantienen un grupo de holandeses con los encargados del servicio de lavandería del hotel. Los huéspedes se quejan de que la ropa huele mal, sigue sucia y alguna pieza incluso más de lo que estaba. Uno de ellos (el que parece más enfadado) muestra una camisa blanca de lino al empleado del hotel. Bueno, la camisa fue blanca en algún momento pero la verdad es que ahora tiene fuertes manchas amarillentas. El chico insiste en que la camisa no estaba muy sucia y que se la han estropeado por completo y se niega a pagar. Yo había pensado en dejar mi ropa en la lavandería del hotel pero… visto lo visto creo que no. Decido dejarla en un puesto que vi el día anterior por la noche. En fin… espero que me devuelvan la ropa limpia y no me pierdan nada.
Lo primero que visito es el palacio de la ciudad. Se encuentra ubicado en el punto más elevado de la ciudad, lo que hace que se pueda divisar desde casi cualquier punto (y por detrás linda con el lago). Se puede fotografiar el exterior pero si quieres utilizar la cámara en el interior hacen pagar (y el precio es casi el doble de lo que cuesta la entrada). Decido dejar la cámara en el depósito. Lo que me resulta gracioso es que cualquiera puede hacer fotos con el móvil y nadie priva de ello.
Luego me pierdo por las calles… sin rumbo. El ruido de los cláxones es bastante molesto así que al cabo de un rato ya estoy mareada de tondo ruido. Además, hoy el día es lluvioso así que cuando comienza a llover fuerte decido refugiarme en el restaurante de un hotel y pedir arroz hervido porque llevo sólo una semana y padezco ya la primera diarrea del viaje (a saber el motivo…). 
Sigue lloviendo fuerte así que decido ir al hotel. Me relajo escuchando música y escribiendo el blog hasta que un sonido procedente del exterior me llama la atención. Abro la ventana y escucho música india procedente de algún lugar; parece que están celebrando algo. Salgo precipitada del hotel siguiendo la música… Al cruzar el puente descubro que la música procede de otro puente paralelo donde hay un grupo de personas, no muy numeroso… No sé exactamente qué celebran pero son indios e indias con elegantes vestidos tradicionales.  Llaman la atención especialmente los vestidos de ellas: me encantan! Rosas fucsias, lilas, rojos, verdes… saris de colores muy vistosos y repletos de ornamentas y brillantes. Todos danzan y a la vez se desplazan al ritmo de la música. Entremedio también nos encontramos un grupo de turistas: haciendo fotos y disfrutando con ellos. De hecho, parece que no les moleste pues al contrario, nos animan a participar y a unirnos a ellos. Observo que están separados: hombres (delante) y mujeres (atrás). Al final hay un señor subido a un caballo. Un grupo de niñas sostiene y transporta unas velas eléctricas unidas unas con otras por cables que limitan el grupo.
Al regresar al hotel me para un indio con el que había conversado anteriormente. De hecho, te paran muchísimas veces siempre empezando por la misma pregunta: “de dónde eres?”. Normalmente la persona que pregunta (género masculino casi todas las veces) se encuentra en su negocio o quiere llevarte a él. Y son muy hábiles a la hora de “engatusar”. Por eso soy bastante reacia a pararme a hablar con ellos pues habitualmente hay un interés económico detrás. Es una lástima porque una al final desconfía de todos y puede que alguno realmente lo que quiera sea simplemente conversar (aunque estadísticamente los que quieren hablar de forma altruista representan un porcentaje muy bajo…). Pero este se encuentra muy cerca del hotel (trabaja en un bar) y al verme pasar varias veces (siempre con la cámara!) me pregunta si soy fotógrafa profesional porque tanto ayer como hoy me ha visto hacer fotos (normal en mí…). Al decir de dónde soy empieza a hablarme castellano (muy bien, por cierto) y me cuenta que estuvo trabajando para Inditex años atrás y que tuvo una novia española con la que tiene un hijo en común. Le comento el recorrido que quiero hacer por India y me hace algunas sugerencias.

Decido cenar en el hotel pero al subir… está repleto de gente. Prefiero algo más tranquilo así que salgo de nuevo con la intención de encontrar un restaurante cerca. Y en la misma esquina encuentro un lugar que me parece adecuado en el que la única comensal soy yo. Al pedir la comida el señor que regenta el lugar me deja un libro de visitas. Pensaba que sería por el restaurante… pero descubro que, a parte de restaurante y hotel también hace masajes y, de hecho, los comentarios del libro de invitados se refieren exclusivamente a los masajes. Mientras espero la comida leo detenidamente las dedicatorias. Por un momento me siento tentada a probar. Los comentarios son realmente buenos. Los escribe gente de todo el mundo y algunos incluso vienen regularmente. Parece que el tipo sabe hacer milagros en una sesión de 45 minutos. Pero me frena mi presupuesto. Voy a pasar 2 meses en India y, a pesar de ser un país económico, voy a gastar dinero. La sesión cuesta 1500 rupias, pero aún me queda mucho viaje por delante porque estoy justo al principio. De todas formas, tanto el señor como su ayudante (un chico joven) son muy amables y me recomiendan algunos lugares para visitar mañana.

2 comentarios:

  1. Està molt bé que hagis fet el blog, és molt millor acompanyar els records no només amb imatges .
    Cuidat.

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  2. Hola Sàlvia!!Veig que al final t'has decidit a fer el Blogg, ben fet! m'agrada molt llegir les teves aventuretes per la Índia, així m'imagino que estic allà però només de llegir el que fas ja em canso jejeje
    Passa-t'ho molt bé i fes moltes fotos per ensenyar-me-les després. Ah, i no tardis gaire a escriure una altre aventura!

    1 abraçada i fes bondat ; )



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