Hoy
sí me levanto cargada de energía y con el propósito de visitar lo que dejé el
día anterior. El día es nublado de modo
que resulta más sencillo desplazarse caminando hasta el centro. Es domingo y
los bancos y puestos gubernamentales (también la oficina de turismo) están
cerrados; todo lo demás está abierto. De camino hacia el centro me paro a
desayunar y descubro los deliciosos “lassi”: una especie de yogurt al que le
añaden azúcar y frutas (mango, banana… libre elección). Más tarde descubriré
que también se elaboran lassis con hachís y, como las drogas están prohibidas
en India, los denominan “especial lassi”.
Cuando
por fin llego al Palacio de la Ciudad un autóctono me recomienda algunos
lugares para visitar durante el día de hoy. Éstos se encuentran alrededor de
Jaipur, de modo que necesitaré un autorickshaws para poderme desplazar. Decido
seguir su consejo, pues de vez en cuando apetece no seguir estrictamente los
lugares de más interés turístico.
Primera
parada es el Gaitor Cenotaphs of Maharajas: un espectacular palacio construido
con mármol blanco que descansa en un lugar tranquilo rodeado de pequeñas
colinas. El palacio lo custodia también una gran comunidad de monos.
A
continuación nos dirigimos al “Water Palace”; se trata de un pequeño palacio en
medio de un lago. El lugar transmitiría tranquilidad si no fuera porque se
encuentra justo al lado de una carretera muy transitada. Está bastante
concurrido de indios pues, al ser domingo, por lo visto les gusta pasar parte
de la jornada en familia en ese lugar. También hay múltiples puestos de venta
ambulante de comida y otros objetos.
La
siguiente parada es un lugar donde tienen 5 elefantes. Uno de ellos tiene la
trompa pintada con vistosos colores. Los tienen allí, obviamente, con el objetivo
de hacer negocio con los turistas y el negocio consta en darse un paseo montado
en un elefante.
Y
como voy en rickshaws no podía faltar las visitas obligatorias a las tiendas
(en las que el conductor, si se consigue que el turista pique el anzuelo o compre,
recibe una comisión a cambio). Me lleva a una tienda donde venden pequeños
cuadros, entre otros objetos, y me enseñan la técnica que utilizan y los
materiales (pintura) empleada. Los dibujos siempre son los mismos (sólo varían
los colores y la posición): cinco animales que simbolizan distintos aspectos en
la cultura hindú: elefante (buena suerte y prosperidad), caballo, camello, pavo
real y vaca (solo recuerdo el significado del elefante; del resto no me
acuerdo… Alguien me ayuda???). La verdad es que todos son bonitos y están muy
bien elaborados pero no me interesa comprar ninguno así que antes de que el
vendedor (y creo que también dueño del negocio) me muestre todas sus obras
disponibles en la tienda le dejo claro que no tengo intención de comprar
ninguno. Luego salgo en busca de mi conductor y me dicen que, como es Musulmán
y es el mes del Ramadán se ha ido a rezar… Pues nada, toca esperar. Me siento
en el exterior de la tienda y espero. Sale el vendedor y comenzamos a charlar.
Por lo menos tengo la tranquilidad de que ya sabe que no voy a comprar nada así
que si hablamos será de modo altruista.
Un
rato más tarde aparece mi conductor y le digo que me lleve al Fuerte de Amber.
Negociamos de nuevo el precio por cambiar el recorrido pactado (siempre odio
esta parte porque tengo la sensación de que me acaban tomando el pelo…). El
Fuerte no se encuentra muy lejos pero a medio camino comienza a llover con
fuerza y empiezo a pensar que tal vez no haya sido buena idea… Al llegar sigue
lloviendo con insistencia, unos ratos más que otros. La parte positiva es que
la lluvia hace que el día no sea tan caluroso. El Fuerte es espectacular; el
problema es que resulta difícil seguir un recorrido ordenado porque las
indicaciones son malas y por dentro parece un laberinto! Además, se permite el
acceso en lo que en su momento fueron habitaciones y pasillos pero no hay
iluminación alguna en todo el interior del recinto. Aunque, de hecho, por
dentro son todo espacios vacíos: no hay nada que ver. A ratos la lluvia es tan
fuerte que hay que detenerse. Se forman grandes charcos en los patios del
fuerte y algunos indios, jóvenes, aprovechan para chapotear en el agua.
Disfrutan dando patadas al agua para mojar (más si cabe) a sus compañeros de
juego y todo ello bajo la lluvia.
Paso
más de tres horas dando vueltas por el Fuerte y, al salir, voy en busca de mi
conductor. Parece algo molesto por haberlo hecho esperar tanto (pues vaya, como
si yo me molestara cuando él se va a rezar o me lleva a lugares que no le pedí,
como las tiendas…). Pero aquí las cosas hay que tomárselas con muuucha calma.
De camino a Jaipur, al llegar justo a la altura del “Water Palace” nos vemos
obligados a cambiar de recorrido: la carretera está literalmente inundada así
que debemos buscar otro camino (más largo) de vuelta a la ciudad. Una pareja de
indios sube también al rickshaws. Al llegar a Jaipur de nuevo el conductor hace
un “alto en el camino” (otra vez a rezar…) y me deja en el “Monckey Temple”. El
templo se encuentra en lo alto de una pequeña colina. El nombre del templo hace
honor a los centenares de monos que residen allí. Un jovencito se acerca a mí y
me dice que será mi guía y “protector” de los monos porque parece que a veces
muerden a los turistas y él sabe cómo actuar. Le doy las gracias y le digo que
no necesito su ayuda. Pero como buen indio, es insistente y no se aleja de mí
hasta que muy amablemente le digo que, si me quiere acompañar, pues bienvenido
sea, pero no pienso a soltar ninguna rupia (cuanto más insistentes, más
infranqueable me convierto). El templo es muy sencillo pero desde lo alto las
vistas a la ciudad son muy buenas así que la subida ha valido la pena.
Desciendo
de nuevo y espero a mi conductor, que no tarda en llegar. Se acabó el trayecto
y esta vez no tengo la sensación de que me hayan tomado el pelo con el precio
pactado. Al final he tenido conductor todo el día (ya empieza a anochecer) y
con imprevistos incluidos (la carretera inundada que ha obligado a coger un
recorrido más largo de vuelta a Jaipur) así que por esta vez creo que el precio
es justo.
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