martes, 30 de julio de 2013

20-07-2013 Jaisalmer

Vuelvo a coincidir con Sam (el chico israelí que conocí en Jodhpur) en el safari. El grupo es de 4: dos chicos ingleses, el israelí y yo; y nos acompañan dos guías. Llevamos lo mínimo imprescindible y dejamos la mochila grande en el hotel. Por la mañana temprano nos recoge un Jeep que nos lleva hasta en medio de la nada y nos dice que los camellos están al llegar. Efectivamente, después de unos minutos de espera aparecen los 6 camellos y los 2 guías e iniciamos el safari.
El paisaje es muy árido pero aún no se vislumbran dunas. Hay bastantes arbustos y algún que otro árbol. Lo que me sorprende y mucho es ver centenares de molinos de energía eólica; resulta un impacto visual bastante significativo encontrar en medio de la nada tecnología punta. A las 11am paramos bajo un frondoso árbol (con gran sombra). La intención es dejar pasar aquí las horas más calurosos, comer, siesta (si se quiere) y luego reiniciar el trayecto. El lugar inicialmente parece muy tranquilo pero luego comienzan a desfilar pastores con sus ovejas que se detienen a tomar un Chai (típico té indio) y a charlar con nuestros guías (ellos, al mismo tiempo, van preparando nuestra comida). Finalmente nos sirven el almuerzo; no falta el chapati (típico pan indio). Ah! Aquí no hay cubiertos, así que se come con las manos! Al acabar me gustaría hacer una pequeña siesta pero me lo impiden las ovejas! Por lo visto, ellas también quieren aprovechar la sombra del árbol (y algo de nuestra comida, si pueden, como la cáscara del plátano) de modo que se concentran todas en círculo alrededor nuestro (a escasos centímetros) y cada vez se van acercando más… Así, es imposible intentar dormir.
Continuamos el recorrido cerca de las 4pm. Paramos en un par de ocasiones en pequeñas aldeas. En la primera de ellas los camellos aprovechan para beber agua en un gran “bebedero comunitario” en el que al mismo tiempo también se hidratan las vacas. Los guías nos animan a pasear por las cuatro casas que forman la aldea. Creo que es el primer lugar en India donde sólo veo mujeres y niños. Se suponen que los hombres están trabajando. Algunas casas son muy sencillas y construidas con materiales muy rudimentarios (de tierra las paredes y de arbustos los techos); sin embargo, otras son más “modernas”.
Por fin llegamos a las dunas sobre las 6pm. Se agradece porque lo de utilizar camello como medio de transporte no resulta muy cómodo…  Estacionamos tras una gran duna que nos resguarda del viento. Descargamos los camellos y nuestros guías los dejan “libres” (atadas las patas delanteras para que no puedan correr ni ir demasiado lejos).  A continuación uno los guías (el mayor) comienzan a preparar nuestra cena. Nuestros guías nos preguntan si nos apetece alguna bebida refrescante y todos aceptamos! (nuestras aguas están hirviendo y no hay nada que apetezca más que agua fría). Entonces el más jovencito coge uno de los camellos y se dirige a una aldea cercana (40 minutos de recorrido entre ida/vuelta) para buscar las bebidas. Estas aldeas son my austeras pero están muy bien dotadas para satisfacer todos los caprichos de los turistas. Incluso se puede comprar whisky o bien opio… El más jovencito no ha parado de marear al pobre camello durante todo el trayecto (que si ahora al trote, que si ahora para, ahora vuelta atrás…). Al final el camello se negaba rotundamente a obedecerle y el otro respondía azotándole fuerte en los muslos con las correas.
Después de cenar uno de los guías nos explica que tiene 25 años y lleva 15 en el negocio de los “camellos”. Su acompañante tiene ahora 15 años y lleva 4 trabajando en esto. El más jovencito está aprendiendo el oficio y también a hablar inglés. El otro lo habla ya muy bien (aunque dice que nunca ha ido a la escuela y que no sabe escribir nada). Actualmente cobra 3500INR fijos mensuales (unos 47€/mes) más las propinas y de eso vive una familia entera. Él es el mayor de sus hermanos y les está pagando su escolarización. Las hermanas, sin embargo, sólo aprenden tareas del hogar.
Resultan curiosas algunas de las historias que explica sobre los 15 años de experiencia laboral como guía en safaris de camello. Me quedo con dos de las historias. La primera era sobre una chica sonámbula que desapareció en medio de la noche. La encontraron siguiendo el rastro de sus huellas tres Km lejos. La chica jamás había avisado que padecía de este “problema” y el guía le dijo que debía interrumpir el safari porque nadie se podía hacer cargo de ella durante toda la noche. Ella insistía en que quería estar en el desierto y el guía le respondió que la única opción para permanecer allí era dejarse atar a un camello!
La segunda historia trata de un japonés que cogió un safari de 5 días. Le habían dicho que no debía preocuparse por nada porque “todo” estaba incluido. El pobre japonés se lo tomó al pie de la letra pero resulta que el papel de WC no estaba incluido y él no traía. Además, era muy vergonzoso y al principio no quería explicar cuál era su problema y se negaba a comer lo que el guía le ofrecía. Tampoco quería interrumpir el safari. Al final la solución la propuso el guía: el japonés llevaba un largo turbante para protegerse del sol (que le había prestado el dueño del hotel en el que se había hospedado) y este se convirtió en mil pedacitos que dieron solución al problema del japonés. Eso sí, al regresar al hotel el dueño le reclamó al japonés 400INR en concepto del turbante reconvertido en papel de WC.  
Dormimos sobre las dunas; hay luna llena. A media noche una fresca brisa me despierta y hace que me tenga que cubrir con algo.

Antes de ir a Jaisalmer no estaba segura de volver a repetir el safari con camellos porque en 2012 ya lo hice en Marruecos y tengo el recuerdo aún muy reciente. Sin embargo, al finalizarlo, no me arrepiento porque las diferencias entre uno y otro son considerables. Cuando estuve en Marruecos era invierno y, a pesar de que dormimos en jaimas y con 5 gruesas mantas cada uno de nosotros hacía un frío horrible! Además, el grupo era más numeroso y los camellos iban atados. En Jaisalmer dormimos a cielo abierto, los camellos van desatados (y si nos apetece los podemos hacer trotar). 

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