Vuelvo a coincidir con Sam (el chico israelí que conocí en
Jodhpur) en el safari. El grupo es de 4: dos chicos ingleses, el israelí y yo;
y nos acompañan dos guías. Llevamos lo mínimo imprescindible y dejamos la
mochila grande en el hotel. Por la mañana temprano nos recoge un Jeep que nos
lleva hasta en medio de la nada y nos dice que los camellos están al llegar.
Efectivamente, después de unos minutos de espera aparecen los 6 camellos y los
2 guías e iniciamos el safari.
El paisaje es muy árido pero aún no se vislumbran dunas. Hay
bastantes arbustos y algún que otro árbol. Lo que me sorprende y mucho es ver
centenares de molinos de energía eólica; resulta un impacto visual bastante
significativo encontrar en medio de la nada tecnología punta. A las 11am
paramos bajo un frondoso árbol (con gran sombra). La intención es dejar pasar
aquí las horas más calurosos, comer, siesta (si se quiere) y luego reiniciar el
trayecto. El lugar inicialmente parece muy tranquilo pero luego comienzan a
desfilar pastores con sus ovejas que se detienen a tomar un Chai (típico té
indio) y a charlar con nuestros guías (ellos, al mismo tiempo, van preparando
nuestra comida). Finalmente nos sirven el almuerzo; no falta el chapati (típico
pan indio). Ah! Aquí no hay cubiertos, así que se come con las manos! Al acabar
me gustaría hacer una pequeña siesta pero me lo impiden las ovejas! Por lo
visto, ellas también quieren aprovechar la sombra del árbol (y algo de nuestra
comida, si pueden, como la cáscara del plátano) de modo que se concentran todas
en círculo alrededor nuestro (a escasos centímetros) y cada vez se van
acercando más… Así, es imposible intentar dormir.
Continuamos el recorrido cerca de las 4pm. Paramos en un par
de ocasiones en pequeñas aldeas. En la primera de ellas los camellos aprovechan
para beber agua en un gran “bebedero comunitario” en el que al mismo tiempo
también se hidratan las vacas. Los guías nos animan a pasear por las cuatro casas
que forman la aldea. Creo que es el primer lugar en India donde sólo veo
mujeres y niños. Se suponen que los hombres están trabajando. Algunas casas son
muy sencillas y construidas con materiales muy rudimentarios (de tierra las
paredes y de arbustos los techos); sin embargo, otras son más “modernas”.
Por fin llegamos a las dunas sobre las 6pm. Se agradece
porque lo de utilizar camello como medio de transporte no resulta muy cómodo… Estacionamos tras una gran duna que nos resguarda
del viento. Descargamos los camellos y nuestros guías los dejan “libres”
(atadas las patas delanteras para que no puedan correr ni ir demasiado
lejos). A continuación uno los guías (el
mayor) comienzan a preparar nuestra cena. Nuestros guías nos preguntan si nos
apetece alguna bebida refrescante y todos aceptamos! (nuestras aguas están
hirviendo y no hay nada que apetezca más que agua fría). Entonces el más
jovencito coge uno de los camellos y se dirige a una aldea cercana (40 minutos
de recorrido entre ida/vuelta) para buscar las bebidas. Estas aldeas son my
austeras pero están muy bien dotadas para satisfacer todos los caprichos de los
turistas. Incluso se puede comprar whisky o bien opio… El más jovencito no ha
parado de marear al pobre camello durante todo el trayecto (que si ahora al
trote, que si ahora para, ahora vuelta atrás…). Al final el camello se negaba
rotundamente a obedecerle y el otro respondía azotándole fuerte en los muslos
con las correas.
Después de cenar uno de los guías nos explica que tiene 25
años y lleva 15 en el negocio de los “camellos”. Su acompañante tiene ahora 15
años y lleva 4 trabajando en esto. El más jovencito está aprendiendo el oficio
y también a hablar inglés. El otro lo habla ya muy bien (aunque dice que nunca
ha ido a la escuela y que no sabe escribir nada). Actualmente cobra 3500INR
fijos mensuales (unos 47€/mes) más las propinas y de eso vive una familia
entera. Él es el mayor de sus hermanos y les está pagando su escolarización.
Las hermanas, sin embargo, sólo aprenden tareas del hogar.
Resultan curiosas algunas de las historias que explica sobre
los 15 años de experiencia laboral como guía en safaris de camello. Me quedo
con dos de las historias. La primera era sobre una chica sonámbula que
desapareció en medio de la noche. La encontraron siguiendo el rastro de sus
huellas tres Km lejos. La chica jamás había avisado que padecía de este
“problema” y el guía le dijo que debía interrumpir el safari porque nadie se
podía hacer cargo de ella durante toda la noche. Ella insistía en que quería
estar en el desierto y el guía le respondió que la única opción para permanecer
allí era dejarse atar a un camello!
La segunda historia trata de un japonés que cogió un safari
de 5 días. Le habían dicho que no debía preocuparse por nada porque “todo”
estaba incluido. El pobre japonés se lo tomó al pie de la letra pero resulta
que el papel de WC no estaba incluido y él no traía. Además, era muy vergonzoso
y al principio no quería explicar cuál era su problema y se negaba a comer lo
que el guía le ofrecía. Tampoco quería interrumpir el safari. Al final la
solución la propuso el guía: el japonés llevaba un largo turbante para
protegerse del sol (que le había prestado el dueño del hotel en el que se había
hospedado) y este se convirtió en mil pedacitos que dieron solución al problema
del japonés. Eso sí, al regresar al hotel el dueño le reclamó al japonés 400INR
en concepto del turbante reconvertido en papel de WC.
Dormimos sobre las dunas; hay luna llena. A media noche una
fresca brisa me despierta y hace que me tenga que cubrir con algo.
Antes de ir a Jaisalmer no estaba segura de volver a repetir
el safari con camellos porque en 2012 ya lo hice en Marruecos y tengo el
recuerdo aún muy reciente. Sin embargo, al finalizarlo, no me arrepiento porque
las diferencias entre uno y otro son considerables. Cuando estuve en Marruecos
era invierno y, a pesar de que dormimos en jaimas y con 5 gruesas mantas cada
uno de nosotros hacía un frío horrible! Además, el grupo era más numeroso y los
camellos iban atados. En Jaisalmer dormimos a cielo abierto, los camellos van
desatados (y si nos apetece los podemos hacer trotar).
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