Lo primero que quiero visitar es el famoso Templo de las
Ratas. Se encuentra a unos 30Km de Bikaner de modo que utilizo un autobús
público para desplazarme. El trayecto dura una hora. En el Templo de las Ratas
habitan centenares de estos animalitos sagrados que deambulan por todo el
recinto. Es obligatorio descalzarse para entrar. Creo que son las ratas más
respetadas y afortunadas de todo el mundo. Están bien alimentadas y cuidadas.
Me habían hablado de ese templo y pensé que incluso sería más exagerado (en
cuanto a número de ratas). Las hay por todas partes, pero suelen concentrarse
en las esquinas. Yo iba con la idea que ni siquiera podría caminar pero no es
para tanto…
Regreso a Bikaner y me dirijo a la estación de trenes para
comprar mi billete para esa misma noche. Me desespero al intentar obtener la
información. No hay trenes directos de Bikaner-Amritsar, pero pretendo ir a
Jalandhar y de ahí coger otro tren a Amritsar. Cada cuál me dice lo que le
parece y voy de un lado al otro de la estación. Al final me dicen que no es
posible porque todos los billetes se han agotado. Lo de los trenes es otro de
los grandes misterios de India. Hablando con la pareja española que conocí en
Jaisalmer me dijeron que, en una ocasión, también les dijeron que los billetes
se habían agotado; estuvieron preguntando en varias agencias (incluso en la
estación) y en todas partes les decían lo mismo. Pero finalmente les
consiguieron los billetes y, además, una vez en el tren, vieron que había
varias plazas vacías. En otras ocasiones te quedas en lista de espera y no
sabes cuándo podrás viajar…
Aún me queda la opción del autobús así que regreso al hotel
y pregunto dónde puedo comprar el billete. Bikaner tiene algunos lugares de
interés (por ejemplo, el fuerte) pero es similar a Jaisalmer así que tomo la
decisión de no quedarme. Ellos mismos dicen que me lo pueden conseguir por el
doble del precio que marca mi guía. Me parece exageradamente caro así que
decido buscarlo por mi cuenta. Son casi las 3pm y el autobús parte a las 5:30pm.
Finalmente logro comprar el billete por un coste más económico del que me
pedían en el hotel. Sigue siendo relativamente caro, pero cuando la necesidad
apremia… Me dirijo hacia la parada de autobuses y me desespero al ver que allí
no hay ningún lugar donde poder comer. Cojo de nuevo un autorickshaw y lo hago
parar en el primer restaurante que veo. Es un lugar de los considerados “caros”
en India y lo deduzco por el aspecto. Lo que en mi país sería un restaurante normal
y corriente, en India es de lujo. Casi me saltan las lágrimas al ir al baño,
encontrármelo limpio y hasta con papel de WC!!! Esto tan sencillo casi formaba
parte de una imagen remota del pasado tras casi 3 semanas aquí…
El autobús parece literalmente un hervidero. Casi no se
puede estar dentro! Será mi primera noche en sleeping bus y me pregunto qué tal
la experiencia… De momento me preocupa lo de las paradas para ir al baño, por
lo que ya comenté anteriormente. Me espera un trayecto de 12 horas (saliendo
finalmente a las 6pm y llegando a Amritsar a las 6 de la mañana). El autobús se
divide en dos partes; en la parte de abajo hay asientos y en la parte de
arriba, camas. Las de un lado son dobles y las del otro, individual. Las camas
son pequeñas y estrechas cabinas en las que, si te sientas, corres el riesgo de
darte un buen golpe en la cabeza por los múltiples baches que hay en la
carretera. Paso unos minutos sentada y enseguida decido tumbarme. Suerte que
llevo una especie de saco de dormir fino porque sabe Dios la de porquería que
hay en esa cama (y eso que es negra y se disimula más, que si no…). A lado y
lado hay cristales y los que dan al pasillo del bus son oscuros, para resguardar
un poco la intimidad. Dejo abiertos los que dan al exterior. Es una sensación
algo rara porque sólo hay un hierro/baranda horizontal que hace de protección
para que no puedas caer al exterior. Aun así, sigue haciendo muchísimo calor,
incluso cuando anochece.
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