martes, 30 de julio de 2013

15-07-2013 Pushkar

Al día siguiente me levanto temprano para coger un autobús con destino a Pushkar (3 horas). Intento comprar el billete en las taquillas de la estación y me desespero al ver que esta gente no saben lo que es “hacer cola”. A medida que va llegando la gente (todos género masculino) se apelotonan sin orden alguno para comprar el billete. Esta es otra de las cosas que se me hacen raras aquí. Cuando tienes ciertos hábitos aprendidos, tan sencillos como “hacer cola” o tirar los papeles en la basura… es curioso porque resulta complicado deshacerse de ellos (cuando parecería más complicado adquirirlos). Pues nada, aquí cuanto más bruto, mejor. Y para papeleras están las calles enteras, en cualquier lugar. Nadie se preocupa por no ensuciar los espacios comunes: el espacio es de todos… pues todos a ensuciar. Eso hace que luego centenares de animales (algunos carroñeros) se alimenten de la basura humana (deben tener ellos asignada la tarea de “limpieza”).
Por fin consigo mi billete de autobús y comienza el recorrido. Son las 7:15 am aproximadamente. Llego a Pushkar 3 horas más tarde y el autobús me deja en una carretera bastante transitada pero no veo nada que me haga pensar que se trata de la estación de autobuses o algo por el estilo. Esta vez decido probar suerte en un hotel no recomendado, a ver qué tal… Y el primero que veo me parece bueno y consigo regatear algo el precio. De hecho, están ampliando el negocio y parte del edificio está en obras. Pero la habitación y baño están bien. Otra de las recomendaciones que me hicieron es que siempre hay que pedir que te enseñen la habitación antes de aceptar quedarte en un hotel/pensión y llevar un buen candado para cerrar la puesta (aunque ellos te faciliten unos). Pero aunque aparentemente todo parezca que esté bien… siempre hay sorpresas. De modo que acepto y al quedarme sola en la habitación me doy cuenta que no hay agua… Empezamos bien. Le digo al dueño y me dice que en 5 minutos lo solucionan. Pasan los 5 minutos, pasan 10, pasan 20… y nada. En fin, decido largarme mosqueada y con la esperanza que al regresar hayan solucionado lo del agua. Al salir el propietario me ve y me pide el pasaporte para proceder al registro de la habitación. El tipo vive allí con su familia y, por lo que parece, acaba de salir de la ducha porque está chorreando y sólo lleva una toalla. Me dice que se va a quedar con mi pasaporte y, cuando regrese, me lo devolverá. Como llevo el mosqueo del agua le respondo que no salgo sin mi pasaporte así que el tipo se espabila a hacer la fotocopia y registro dejando la ducha a medias.
Pushkar es una ciudad sagrada. Pequeña y tranquila. Al llegar al centro intenté acceder al lago por varias puertas que dan acceso pero me encontré con la desagradable sorpresa de que en todas había unos tipos que pretendían “ofrecerme” flores para tirar al lago. Los tipos eran insistentes y se molestaban al decirles que no. De hecho, había leído una advertencia en mi guía que decía que una vez aceptas las flores luego pretenden cobrarte una desorbitada cantidad. No me gustaba nada el modo en que respondían ante mi negativa. Es un pueblo pequeño, muy turístico y también repleto de templos. Doy una vuelta completa alrededor del lago. Hay múltiples avisos de que no se pude hacer fotografías en los múltiples baños públicos (donde hombres y mujeres se bañan en el lago) y hay que descalzarse a una distancia de 40 metros del lago. Tampoco se pueden llevar bebidas alcohólicas ni drogas al lago y hay que respetar a los autóctonos y sus costumbres.
Encuentro por el camino el centro de recepción de turistas y les pido un mapa. Parece también un centro de reunión y tertulia en el que se encuentran un grupo de unos 12 hombres conversando tranquilamente. Les pregunto sobre los tipos que “ofrecen” flores alrededor del lago y me dicen que ni caso y me entregan un documento con varias advertencias para los turistas (acerca de estafas) y con un número de teléfono de asistencia para turistas.

Por suerte, llego al hotel y el agua funciona.

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