Llego
a Jaipur a las 6:00 am. Apenas he podido dormir. Los conductores de tren también
parece que tengan las manos pegadas al claxon y esta vez no es porque haya
mucho tráfico de trenes así que llego a la conclusión que a los indios les
encanta eso de tocar el claxon y, cuanto más estridente sea, mejor. En la
estación de trenes de la capital del Rajasthan los autorickshaws son de prepago
así que no me tengo que preocupar por el regateo. El conductor no para de
taladrarme a preguntas y yo sólo quiero llegar al hotel y dormir un rato. El
hostal es bastante sencillo y se encuentra bastante alejado del centro. Reservo
sólo una noche porque tengo intención de partir al día siguiente. El
propietario me comenta que el “checking out” es a la misma hora que he entrado
(es decir, 6am del día siguiente). Duermo un par de horas y me levanto con el propósito
de visitar el casco antiguo (también denominado “ciudad rosa”: rodeado por una
muralla con numerosas puertas de acceso).
Antes
de comenzar el recorrido, pregunto al dueño del hotel dónde puedo encontrar una
oficina de información para turistas. Sigo sus instrucciones y al llegar a un
cruce encuentro dos extranjeras y me paro a preguntarles. Son de Chile, tienen
un buen mapa y se dirigen hacia el mismo lugar que yo, así que seguimos juntas
el recorrido. Caminamos un largo rato bajo el sol abrasador y nos adentramos en
la zona amurallada. Hay múltiples bazares donde encontrar todo tipo de
productos. Nos paseamos tranquilamente por el lugar.
Finalmente
decido regresar al hotel, alargar una noche más mi estancia y tomarme lo que
queda de día de descanso.
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