Cuando
repaso la lista de lugares de interés que me aconsejaron visitar la noche
anterior me doy cuenta de que la mitad (3) son jardines/parques, lo cual me
hace pensar que 1) no hay mucho más que ver en Udaipur o bien 2) quienes me lo
recomendaron aman los jardines/parques. Observo de nuevo la lista y descarto el
“Queen’s garden” y el “Rose Garden”. Me quedo con el “Moti Magri” (pues es el
primer lugar que consta en la lista e interpreto que mencionaron por orden de prioridad).
Está algo alejado del centro de modo que tengo que viajar con autorickshaws. En
el dorso del ticket de entrada hay un pequeño mapa del parque con 7 puntos de
interés señalados. Las distancias no son extremadamente largas entre punto y
punto, pero el calor sofocante y la fuerte pendiente para ascender hasta
determinados puntos hace que algunos prefieran un vehículo con motor como medio
de transporte. Yo decido adentrarme y hacer el recorrido caminando. Los 7
puntos de interés están muy bien cuidados (en cuanto a limpieza y estado
general del jardín); el resto es zona boscosa. Al ascender una pequeña colina
se llega al punto más elevado del parque y en el otro lado hay vistas a un lago
con una pequeña isla en medio.
La
segunda visita del día es el “Lokekalamandir”. Es un modesto museo de folklore
y tradiciones de la región del Rajasthan. En él se explican las diferentes
festividades, danzas, música, instrumentos, indumentaria, máscaras, marionetas,
etc. Sin lugar a dudas, lo que más disfruto de la visita es la actuación con
marionetas. Tiene una duración de unos 10 minutos en la que dos tipos mueven
con gran habilidad las marionetas al ritmo de la música tradicional (no hay
diálogos, lo cual es de agradecer para los no autóctonos).
Llego
de nuevo al centro justo a la hora de comer de mi país (no la de ellos, puesto
que almuerzan sobre las 12:30). Casi todos los hoteles y restaurantes tienen el
comedor en la última planta y presumen de tener buenas vistas al lago. En
algunos casos es cierto sin embargo, en otros, apenas se ve nada (sólo los
tejados y edificios contiguos). El problema de que el restaurante esté ubicado
en el tejado es que, si quieres dar un vistazo al menú, tienes que subir hasta
lo más alto del edificio para tal propósito (y aquí no hay ni un solo
ascensor)…
Lo
siguiente que decido hacer en una vuelta al lago en barca. Esto no es por
recomendación de los que conocí la noche anterior sino por puro antojo. Al
llegar al embarcadero (y no ver ninguna barca) pregunto la hora de partida y me
dicen que en sólo 10 minutos podré salir. Compro el ticket y espero. Pasan diez
minutos, pasan veinte, pasan treinta… sigo esperando y aunque se aproximan varias
barcas, ninguna para en este embarcadero. Finalmente me levanto y me dirijo
donde están los tipos que me han vendido la entrada. Se disculpan y me dicen
que pronto llegará mi barca. El “pronto” se convierte de nuevo en un largo rato
en el que me dan conversación para que me distraiga. Y uno de ellos me explica
que trabaja en 3 lugares al mismo tiempo: en el negocio del embarcadero,
haciendo masajes terapéuticos y, además, es astrólogo. No se debe juzgar a la
gente por la apariencia pero es que el tipo tiene pintas de “listillo”. Me
parece que abarca demasiado y lo de las 3 profesiones me hace gracia; no tiene
nada que ver la una con la otra y lo de astrólogo… En fin, sin
comentarios. Por fin llega mi barca y al
final se convierte en un recorrido de 30 minutos con una espera de más de una
hora…
Para
acabar el día decido ir al Sunset Point. De hecho, al dar el paseo en barca
hemos parado en ese embarcadero a recoger más pasajeros, pero luego hemos
continuado. Justo antes de llegar me encuentro con un grupo de monos en lo alto
de un muro (justo al lado de una carretera). Hay un señor que les da de comer.
Me detengo a hacerles fotos y ver cómo comen y juegan. Por fin llego al destino
buscado pero justo entonces comienza a llover fuerte, así que me veo obligada a
coger un autorickshaws e ir de nuevo al centro. Una vez allí recojo mis cosas
de la lavandería y me voy hacia el hotel. La ropa me la devuelven perfectamente
planchada; parece que afortunadamente están todas las prendas (no me han
perdido nada). Pero es cierto que lo que era blanco ya no lo es (por suerte,
camisetas de algodón que pueden ser sustituidas) y no huele a jabón: como si
hubieran metido la ropa en el agua (de un río, seguramente), hubieran frotado y
luego dejado secar.
Al
llegar al hotel me encuentro con una pequeña sorpresa agradable. Voy con la
intención de cenar, coger la maleta e irme a la estación de tren para coger el
tren nocturno hasta Jaipur. Al pedir la cena el propietario me dice que
mientras espero la comida puedo ducharme. ¡Como si me hubiera leído el
pensamiento! ¡Después de estar todo el día caminando y pasando calor no hay
cosa que me apetezca más! La ducha está en el baño del restaurante, pero no me
importa: por suerte, está limpio (y a caballo regalado…). El problema es que al
finalizar, mientras empaqueto de nuevo las cosas en la mochila ya estoy de
nuevo sudada: hace mucho calor! Ceno tranquilamente con unas vistas
espectaculares del palacio de la ciudad iluminado y luego voy a la estación de
tren.
El
tren sale de nuevo puntual a las 22:20. Llego una hora antes y me sorprende ver
que ya está estacionado. El problema es que las luces están apagadas y tengo
que utilizar la luz del móvil para acomodarme y encontrar mi cama. Justo unos
minutos antes de partir encienden las luces.
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