martes, 30 de julio de 2013

17-07-2013 Jodhpur

Mi autobús sale puntual desde un lugar llamado estación (que no lo parece) de Pushkar. Me esperan 5 horas de caluroso viaje porque, obviamente, no hay más aire que el que entra por las ventanas. Se me sienta al lado un profesor que no para de hacerme preguntas. Son las 7am de la mañana y en ese momento sólo pienso que ¡no podré aguantar 5 horas de interrogatorio! El señor me dice que algunas mujeres sentadas a mi alrededor también son maestras y trabajan todos en la misma escuela pública. Seguimos conversando durante una hora hasta que llegamos al lugar donde está ubicada la escuela donde trabajan. El autobús es viejo y está sucio (lo raro aquí sería lo contrario) y va abarrotado de gente que van subiendo y bajando en las múltiples paradas que hay durante todo el trayecto. De hecho, creo que soy la única que va a hacer el recorrido entero. En un momento del recorrido una señora se me sienta al lado y comienza a hablarme en su idioma. Otros se unen a la conversación (más bien a su monólogo…), también en su idioma. Me van mirando y yo a ellos pero… obviamente, no me entero de absolutamente nada. Así que les sonrío mientras digo “Sorry, I don’t understand” (lo podría decir también en catalán o español porque de cualquier modo no me entienden…) y ellos también me sonríen así que… este es nuestro medio de “no”-comunicación (no verbal). De hecho, esto me sucede en varias ocasiones a lo largo del viaje.
En algo más de 5 horas llego a Jodhpur. Me veo obligada de coger un rickshaw para llegar hasta el hotel. La “guest house” está bien, pero me piden un precio demasiado elevado; creo que puedo encontrar algo más económico así que rechazo la habitación. El conductor del rickshaw sigue abajo esperándome (cuando yo no se lo pedí… pero son muy listos) y me dice que puede conseguirme una habitación por el precio que estoy dispuesta a pagar. Decido probar… El otro hotel está muy cerca pero al entrar… ¡Madra mía! Está en obras: todos los paletas por allí, tooodo lleno de polvo y la habitación… creo que las sábanas no las han limpiado desde que entró el primer huésped y, por supuesto, ruidoso. Vamos, que es un chollo de hotel. Obviamente, me niego rotundamente a estar allí y salgo escopeteada. El conductor dice que me llevará a otro lugar. Decido darle una segunda oportunidad. Al subir las escaleras veo que también está en obras (otra vez no!!!!) pero al subir un piso superior (en mejores condiciones) me muestran la habitación y esta está impecable, así que decido quedarme. Además, me muestran el tejado donde hay una pequeña terraza y unas espectaculares vistas de la ciudad con  el imponente Fuerte justo enfrente.

Salgo a dar una vuelta por la ciudad y, al regresar al hotel, subo a la azotea del hotel con la intención de cenar y escribir mi diario pero me encuentro con tres personas e iniciamos conversación: un francés, un israelí (Sam) y el dueño del hotel. El francés parte esa misma noche hacia Jaisalmer y el israelí el día siguiente por la mañana.

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