Mi autobús sale puntual desde un lugar llamado estación (que
no lo parece) de Pushkar. Me esperan 5 horas de caluroso viaje porque,
obviamente, no hay más aire que el que entra por las ventanas. Se me sienta al
lado un profesor que no para de hacerme preguntas. Son las 7am de la mañana y en
ese momento sólo pienso que ¡no podré aguantar 5 horas de interrogatorio! El
señor me dice que algunas mujeres sentadas a mi alrededor también son maestras
y trabajan todos en la misma escuela pública. Seguimos conversando durante una
hora hasta que llegamos al lugar donde está ubicada la escuela donde trabajan.
El autobús es viejo y está sucio (lo raro aquí sería lo contrario) y va
abarrotado de gente que van subiendo y bajando en las múltiples paradas que hay
durante todo el trayecto. De hecho, creo que soy la única que va a hacer el
recorrido entero. En un momento del recorrido una señora se me sienta al lado y
comienza a hablarme en su idioma. Otros se unen a la conversación (más bien a
su monólogo…), también en su idioma. Me van mirando y yo a ellos pero… obviamente,
no me entero de absolutamente nada. Así que les sonrío mientras digo “Sorry, I
don’t understand” (lo podría decir también en catalán o español porque de
cualquier modo no me entienden…) y ellos también me sonríen así que… este es
nuestro medio de “no”-comunicación (no verbal). De hecho, esto me sucede en
varias ocasiones a lo largo del viaje.
En algo más de 5 horas llego a Jodhpur. Me veo obligada de
coger un rickshaw para llegar hasta el hotel. La “guest house” está bien, pero
me piden un precio demasiado elevado; creo que puedo encontrar algo más
económico así que rechazo la habitación. El conductor del rickshaw sigue abajo
esperándome (cuando yo no se lo pedí… pero son muy listos) y me dice que puede
conseguirme una habitación por el precio que estoy dispuesta a pagar. Decido
probar… El otro hotel está muy cerca pero al entrar… ¡Madra mía! Está en obras:
todos los paletas por allí, tooodo lleno de polvo y la habitación… creo que las
sábanas no las han limpiado desde que entró el primer huésped y, por supuesto,
ruidoso. Vamos, que es un chollo de hotel. Obviamente, me niego rotundamente a
estar allí y salgo escopeteada. El conductor dice que me llevará a otro lugar.
Decido darle una segunda oportunidad. Al subir las escaleras veo que también
está en obras (otra vez no!!!!) pero al subir un piso superior (en mejores
condiciones) me muestran la habitación y esta está impecable, así que decido
quedarme. Además, me muestran el tejado donde hay una pequeña terraza y unas
espectaculares vistas de la ciudad con
el imponente Fuerte justo enfrente.
Salgo a dar una vuelta por la ciudad y, al regresar al
hotel, subo a la azotea del hotel con la intención de cenar y escribir mi
diario pero me encuentro con tres personas e iniciamos conversación: un
francés, un israelí (Sam) y el dueño del hotel. El francés parte esa misma
noche hacia Jaisalmer y el israelí el día siguiente por la mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario